Desde el conuco | APUNTES PARA UNA POLITICA AGRÍCOLA CAFETALERA (I)

 

Por: Toribio Azuaje

“Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo.” (ARTURO USLAR PIETRI)

El campo está sudando campesinos, se siente movido el ambiente en el país agrícola que se levanta a punta de coraje y empeño de campesinos y agricultores que compartimos escenarios de vida y de trabajo. Iniciamos el año 2023 enviándole un abrazo solidario, de compromiso moral y ético a nuestros hermanos que batallan a diario en los llanos, montañas, costas y riberas de ríos. Comenzaremos tocando un tema que para nosotros es vital, la carencia de una política agrícola de Estado en materia café. Lo que escribiremos ni siquiera se asoma a ser un documento acabado en materia cafetalera, sencillamente constituye unos apuntes sueltos, puntuales e iniciales cuyo objetivo es motivar el debate para la construcción colectiva de una propuesta en materia de la producción de café en Venezuela. Aunque advierto y que quede bien claro «como la luna llena» La actividad agrícola en general luce carente de una política de Estado que pueda hacer de Venezuela un país de altos niveles productivos, pudiéramos ser una potencia agrícola y hacia allá debe ir encausado nuestro esfuerzo. No podemos seguir mirando a nuestros campesinos y agricultores pelando cada año por colocar a precios justos sus cosechas y bregando un financiamiento agrícola justo y acordé a sus particularidades, o mirarnos cada año siendo víctimas del contrabando, de importaciones ilegales y desproporcionadas que nos llevan a una producción en desventaja que nos coloca en terrenos de quiebra económica. No más agricultura de puertos, no más negocios oscuros con nuestro trabajo.

El café es un cultivo con características de alta importancia para la economía venezolana que en algún momento constituyó una fuente de ingresos importantes para el desarrollo del país. Hoy día carecemos de una política cafetalera que pueda convertitr este cultivo en una herramienta de desarrollo nacional. La caficultura la han convertido en un negocio rentable para la agroindustria cafetera mientras nuestros campesinos y caficultores sienten el peso de la desidia en sus espaldas, teniendo que soportar y sobrellevar una dinámica absurda que nos hace cada día menos prósperos y más esclavos de las empresas de los agronegocios, y en condiciones de precariedad sobrellevamos una vida de altibajos ensordecedores y traumáticos. A propósito de esta realidad lanzaremos algunas pinceladas que debemos tomar en cuenta a la hora de elaborar una política agrícola en materia café.

1._ ¿Cuántos somos?

Si duda en algo hemos avanzado, algo existe en esta materia, no es que no hay nada, sin embargo la desorganización obliga a iniciar un plan que nos visibilice, es necesario levantar un censo agrícola para saber con propiedad cuántos somos, dónde estamos, cuántas hectáreas en producción existen, que variedades cultivamos y desde allí plantearnos las propuestas de desarrollo y crecimiento sustentadas en un plan a corto, mediano y largo plazo. No podemos mirar el mercado Internacional sin fortalecer la producción primaria interna, el núcleo dinamizador lo constituye la clase campesina y son ellos el sujeto histórico que debe ser fortalecido.

2._ Sensibilización y capacitación:

Construir y ejecutar un plan permanente de sensibilizión y capacitación que pueda acercarle la ciencia y la tecnología al campesino en una gran alianza de la ciencia académica y la ciencia campesina que de manera permanente aporte las respuestas a las particularidades tan importantes en la formación de los nuevos protagonistas del cultivo del café. Hasta ahora hemos visto minúsculas ensayos espasmódicos e intermitentes en esta materia.

3._ La agroecología cafetalera.

Todo plan de desarrollo agrícola debe ser mirado bajo la óptica de la preservación de nuestro entorno natural, nuestro cultivo debe avanzar hacia una agricultura de conservación, ecológica y restauradora de los suelos, aguas, bosques y el mundo natural en su conjunto. Debe privar el cultivo bajo sombra y el uso de insumos orgánicos, para lo cual podemos diseminar en nuestros predios la producción masiva de agroinsumos, de esta manera ir liberándonos de los insumos y fertilizantes sintéticos que de manera silenciosa y progresiva van deteriorando nuestros suelos y haciéndonos esclavos de la agroindustria explotadora.

4. Ciencia e investigación.

Urge retomar la investigación científica en materia de semilla, suelo, etc. para mejorar nuestra productividad, avanzando en variedades adecuadas a las realidades particulares de nuestras zonas cafetaleras, nuevas técnica de producción, manejo agronómico y de postcosecha. Debemos crear núcleos de investigación en espacios estratégicos de los municipios cafetaleros, desde allí desarrollar un plan de investigación para avanzar en términos científicos en el mejoramiento de nuestros cafetales, nuevas variedades y tipos de café. Debemos partir de la premisa «Cada finca un aula abierta», convertir nuestros cafetales en los nuevos centros de investigación incorporando al campesino a la dinámica científica, ni siquiera hay que construir infraestructura sino que los espacios naturales de nuestros cafetales serán sujeto de ese plan de investigación y desarrollo agrícola. Debemos establecer centros o laboratorios de suelos funcionales para prestar el servicio adecuado y permanente a nuestros campesinos.

Tomamos una bocanada de aire, hacemos un espacio y hasta aquí por hoy, en una nueva entrega continuaremos en esta lluvia de ideas para el debate.

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