Lucha de clases
Homar Garcés
Boris Kagarlitsky, historiador y sociólogo ruso, en prisión por su oposición a la guerra ruso-ucraniana, manifiesta en uno de sus últimos análisis sobre China que los gobernantes chinos «a diferencia del Fondo Monetario Internacional, no imponen programas de reconstrucción, ni se preocupan por cuestiones de derechos humanos. Pueden, si es necesario, implementar un programa de asistencia único en áreas como la construcción de carreteras, la sanidad o el transporte, pero, a diferencia de los especialistas soviéticos que anteriormente trabajaron en África, muestran poco interés en las perspectivas de un desarrollo integral en cualquier país, incluida su ideología y métodos de gestión». El socialismo «con características chinas» no deja de llamar la atención mundial gracias al extraordinario desarrollo económico alcanzado desde 1978 cuando comenzaran las reformas impulsadas primeramente bajo el liderazgo pragmático de Den Xiaoping y en la era actual por el Presidente y Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la República Popular de China, Xi Jinping.
A la par de su ascenso como nueva potencia, China ha presentado al mundo una triple iniciativa: la Iniciativa de Seguridad Global, la Iniciativa de Desarrollo Global y la Iniciativa de Civilización Global de Pekín que, en conjunto, representan las principales propuestas del gobierno chino para lograr la paz mundial en esta época convulsionada por la voraz ambición del imperialismo yanqui de apropiarse de todos los recursos naturales del planeta y su aspiración de convertir a Estados Unidos en la única potencia hegemónica a la cual deben someterse todos los gobiernos existentes; remarcada por las tendencias proteccionistas y unilaterales de la nueva administración Trump. Trata, en síntesis, de crear un sistema de gobernanza global más inclusivo y equitativo. Además, China ha dado un salto cualitativo de mucha trascendencia en materia de tecnología digital, lo que supone un gran desafío para Estados Unidos que confiaba mantener su supremacía en ese campo, restringiendo el acceso chino a los chips y otros aditamentos necesarios. Este enfrentamiento -agudizado por Donald Trump- provocará diversas consecuencias geopolíticas que podrían reconfigurar lo que conocemos hasta el presente como sistema-mundo, generando al mismo tiempo una multiplicidad de polos de desarrollo; como lo asoman las naciones asociadas al grupo de los Brics.
El crecimiento económico chino es consecuencia de la integración de China en la economía capitalista mundial, otorgándole a los capitalistas occidentales nuevas oportunidades de inversión, además de mano de obra barata. Mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el Estado chino ha hecho grandes inversiones para el desarrollo de proyectos de infraestructura, contando con la participación de empresas privadas chinas y de los gobiernos con los cuales ha suscrito convenios económicos que han contribuido a extender su influencia y presencia en la mayoría de los continentes. Simultáneamente, China logró avances de importancia en cuanto a industrias de alta tecnología que rivalizan y, en algunos casos, como ocurre con la creación de DeepSeek, superan lo obtenido en esta materia por Estados Unidos, Europa y Japón; lo cual le garantiza un desarrollo basado en la autonomía tecnológica. Con esto, China busca dejar de ser, simplemente, la fábrica del mundo capitalista y consolidarse como el mayor proveedor de servicios de alto valor, lo que eleva su papel de potencia mundial en competencia con Estados Unidos, propiciando la conformación de un mundo multicéntrico y multipolar. Para los gobernantes chinos, la economía de mercado (o capitalismo socialista) es un instrumento, no un fin en sí mismo, a diferencia de lo que ocurre en los países bajo la hegemonía histórica del sistema capitalista. La supervisión estatal de las empresas más grandes, por otra parte, evita que éstas incurran en los excesos cometidos en las empresas transnacionales de Occidente que ocasionarían una crisis en su economía y, por consiguiente, un descontento social generalizado que erosionen la autoridad del gobierno y del Partido Comunista.
Hasta el presente, el liderazgo de Xi Ping se ha trazado como meta evitar las contradicciones fundamentales que caracterizan desde siempre al sistema capitalista en todo país donde se instale. Para conseguir dicha meta, requiere contar con una burocracia poderosa y afincada en el poder que controle los principales aspectos de la sociedad china. En medio de todo esto, ha surgido un proletariado moderno y avanzado que podría modificar el estado actual de China al defender sus intereses frente a los intereses de la clase política y económica capitalista aunque esta última, de momento, no controla el Estado; cuestión que, de suceder, haría brotar eventualmente, como en cualquiera nación del hemisferio occidental, las contradicciones y las consecuencias del sistema capitalista implantado. No obstante, el presidente chino anima a los grandes empresarios del sector privado de su nación a que “sean patrióticos, prosperen y luego estimulen la prosperidad común”, en medio de las dificultades que podrá crear la guerra comercial desatada por Estados Unidos, según los anuncios hechos por la Casa Blanca. En análisis de Xulio Ríos, asesor emérito del Observatorio de la Política China, «por primera vez, se establece el principio de que la economía pública y no pública tienen el mismo derecho a participar en condiciones de igualdad en la actividad económica. En segundo lugar, también por primera vez admite el acceso de la economía no pública a los monopolios públicos, que serán progresivamente liberalizados. En tercer lugar, igualmente por primera vez contempla la posibilidad de que la economía privada pueda acceder a la explotación y comercialización de los recursos naturales. Por último, también por primera vez, consiente el acceso de la economía no pública al ámbito de la defensa y sus tecnologías aplicadas. Los avances teóricos y legales descritos evidencian que la economía no pública dispone de una posición muy destacada en el conjunto de la economía china y goza del favor del PCCH»; lo que termina por darle un cariz único a China y su socialismo capitalista (aunque suene incongruente).

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