Desde el conuco | MIS COLEGAS MAESTROS

 

Por: Toribio Azuaje

“La verdad nunca daña una causa que es justa.” (Mahatma Gandhi)

«La palabra por dentro quema y te da sed» (Alí Primera)

Mis colegas maestros salieron a las calles, su capacidad de aguante se agotó, lo que nos pagan en el mes solo alcanza para una semana en una familia no muy numerosa y midiendo la ración en el plato. Siempre observo a una compañera recorrer mi pueblo de tantas riqezas ofreciendo café de un termo que lo llena al salir de la escuela y en horas no laborables para ella, en la otra esquina se encuentra otro colega con su silueta desgastada ofreciendo quincalla y otro mas con las manos callosas rullidas del cemento al tener que matar tigritos de albañilería bajo el sol inclemente que le tuesta la espalda. Imagino la vida en la ciudad donde no hay una mata de naranja o de cambur con que calmar la sed y el hambre.

Por doquier se ven regueras de colegas atormentados por una situación insoportable, sus ropas lucen roidas y los zapatos esguazados del tiempo, los remiendos y chivas suelen ser muy comunes hoy día.

Tal vez los días más tristes para un maestro o profesor resultan ser los días de abono de quincena pues cobran hoy y quedan limpios ayer.

Mientras tanto, muy distante de esas realidades están quienes tras la sombra del poder acumulan riquezas jamás vistas. Jefes de zona educativas, gobernantes y dirigentes luciendo lujosas casas varias, amobladas repletas de carros sus garajes, con alcobas y salas con todos los juguetes.

De dónde pueden sacar tanto dinero para lucir tamañas riquezas desmedidas, son producto del robo sin lugar a dudas. Por eso los maestros salieron a la calle porque cobardes tranfugas escondidos tras la careta socialista se roban los dineros del pueblo mientras sus colegas mueren de mengua en las esquinas.

Mi condición de socialista y revolucionario me exige levantar la voz para denunciar tamaña grosería. No puede un mal gobernante acabar con un sueño al que le hemos entregado nuestras vidas. Mansillan el sueño de Bolívar y la canción de Ali, se arropan en el discurso del comandante para desangrar la nación, nos entrampan en una narrativa falsamente anti imperial, convirtieron un sueño en una pesadilla y no me asiste más que la necesidad de la denuncia. El silencio me hace cómplice. ¿En qué lado encontramos al traidor?

Somos y moriremos siendo anti imperialistas y revolucionarios, desde hace mucho rato que lo somos, pero el silencio no goza ahora de mucha utilidad. La primera tarea de un revolucionario es alertar sobre las desviaciones, y como cierran y silencian los espacios del debate donde se forma la conciencia, recurro a éstas vías que usamos hoy. Mi condición de socialista y revolucionario me obliga a arrebatarle la careta y desnudar al traidor que se enriquece con el trabajo tuyo y mio. A tiempo estamos de tomar correctivos pero no satanicen las voces que acompañan al pueblo. No hay tiempo pa’ perder tiempo.

Ah, y que no se alegren los oportunistas de la derecha apátrida que quieren pescar en rio revuelto, estos también tendrán su dosis de un pueblo cansado de traiciones. El pueblo es sabio y paciente nos decía el poeta.

Deja tus comentarios...

A %d blogueros les gusta esto: