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Desde el Conuco | Soberanía y libertad

Desde El Conuco

¡Quieren ser libres y no saben ser justos!

Emmanuel Joseph Sieyès

 

Recuerdo que alguna vez le escuché decir a Fruto Vivas, que da lo mismo morir de hambre en una mansión que morir de hambre en un rancho. Al final, es el mismo mendigo muerto de hambre. Viéndolo bien, el contenido de aquella frase, tan simple y demoledora, en el fondo lleva una carga de sabiduría que toca los cimientos de lo que entendemos por libertad y soberanía. Reflexionando en serio, ¿de qué nos sirve gritar independencia si el pueblo sigue siendo preso del estómago vacío?

 

Atentos con esto; la soberanía y la libertad son dos palabras que, mal entendidas, pueden confundirse en el eco de los discursos populistas, adornada por la mentira y el engaño. La primera puede disfrazarse de soberbia, de fuerza, pero recordemos que la soberbia es en realidad solo miedo maquillado con trazos de altivez. La segunda, la verdadera libertad, no necesita alzar la voz: se mide en pan sobre la mesa, en niños que estudian sin hambre, en trabajadores que duermen tranquilos sabiendo que el fruto de su esfuerzo vale algo, en campesinos que sienten que su sudor tiene el valor de lo que realmente significa, en madres que pueden y tienen como elaborar el alimento diario de sus hijos.

 

Sin duda, no hay cosa más hermosas cuando un país puede sentirse soberano, levantar sus banderas y cantar himnos con el pecho inflado, pero si en sus calles, veredas y caminos, la gente revuelve la basura buscando migajas, lo único que ondea al viento es la mentira y el engaño. Esa es la expresión de la soberbia de las naciones que confunden independencia con aislamiento, orgullo con bienestar, discurso con justicia.

 

No podemos visualizar la libertad de la peor manera, eso no es lo que nos corresponde hacer, libertad no es un trofeo que se guarda en los museos, ni un pergamino que se exhibe solo en las fechas patrias. La libertad es una semilla que debe regarse todos los días con gotas de educación, con salud, con trabajo honrado, con salarios de dignidad, Esta lleva intrínseco la posibilidad de que cada familia pueda vivir sin angustia, de que el campo produzca los alimentos necesarios y el pan alcance para todos. Sin esa cosecha, la libertad es apenas un jardín sin flores, un canto sin voz, ni acordes, ni espíritu.

 

Fruto Vivas, destacado arquitecto venezolano, de reconocida trayectoria ética y moral, que hablaba desde la tierra, nos recordó en esa proclama, que el hambre es la misma, sin importar el techo, y esa imagen nos desnuda como pueblo: podemos tener repúblicas que se dicen libres, pero siguen siendo mendigas cuando su gente no puede comer. ¿Qué clase de independencia es esa que no se traduce en bienestar para su gente, que no cura y que no alimenta a sus ciudadanos?

 

Si no actuamos de buena manera, lo que alimentamos es un monstruo transformado por la soberbia, que  construye palacios de granito, pero olvida sembrar los árboles que darán sombra. La libertad, en cambio, no presume: florece donde hay justicia, reparte frutos donde hay igualdad, y se mantiene viva mientras el ser humano este a la altura de  conservar su dignidad y su sentir de pueblo de gente honrada, honesta.

 

Tal vez, para algunos en la penumbra del fanatismo, del engaño y la tramoya del oportunismo, no le es fácil entender que no basta con ser libres si seguimos hambrientos. No basta con tener patria si ella no nos alimenta. La verdadera independencia se conquista todos los días, en cada campo, en cada calle, en cada plato lleno, en cada escuela abierta, en cada sonrisa sin miedo. Recuerda que la soberbia mata de hambre al alma, pero solo la libertad —la auténtica libertad— puede devolverle al pueblo su pan y su esperanza. ¡Eh ahí el verdadero paradigma!. [email protected]



Un abrazo, desde este maltratado pedazo de la tierra.
TORIBIO AZUAJE

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