(Edgar Alexander Morales).– Entender la economía venezolana actual requiere mirar de frente cifras que pocos se atreven a mostrar. Un compendio de indicadores económicos revela una realidad cruda: aunque el ingreso mínimo en dólares ha mostrado una recuperación nominal —alcanzando los 190 USD en marzo de 2026—, el poder de compra sigue siendo devorado por una inflación que no da tregua cuando se emite dinero sin respaldo.
Salario | La trampa de la inflación y el subsidio
La data es clara: el crecimiento del salario básico ha sido históricamente aplastado por el crecimiento de los precios. Por ejemplo, solo entre junio y septiembre de 2018, el salario perdió el 86,2% de su valor. En 2026, la estrategia parece centrarse en los «ingresos no monetarios». Una familia de clase media en Venezuela recibe hoy un subsidio indirecto promedio de 188,9 USD (repartido entre electricidad, agua y gasolina), una cifra que supera por poco el ingreso mínimo legal, pero que evidencia la alta dependencia del ciudadano hacia el Estado.
Exportaciones y Pensiones: El peso de la crisis
El aparato productivo nacional sigue intentando salir del foso. Venezuela perdió el 91% del valor de sus exportaciones entre 2012 y 2020, y aunque se ve un repunte que roza los 26.785 millones de dólares para 2025, el PIB real del país es hoy apenas el 36% de lo que fue en 2012.
Esta fragilidad económica impacta directamente en la seguridad social: el Estado continúa financiando el 91% del pago de las pensiones, debido a que actualmente hay más pensionados (6,26 millones) que trabajadores activos cotizantes (5,3 millones), un desequilibrio que pone en jaque la sostenibilidad del sistema a largo plazo si no se recupera el empleo formal masivo.

