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Entre la Cuarta de la Quinta | Defecar como reto

Entre la Cuarta de la Quinta

Volvimos por aquí. Me mantuve un poco aislado de la política nacional y regional, por el simple hecho de contribuir desde otros espacios, con la convivencia entre los venezolanos. Yo solo soy yo, pero desde mi perspectiva creo que en algo contribuí, es así que, no puedo seguir callado ante la miseria humana, la decadencia personal de aquellos, que hacen de la política, una mierda. Me llama la atención que ante la  proliferación de conductas incívicas en espacios públicos, que ha dejado de ser un problema de mala educación aislada,, entonces se haya convertido en una preocupante tendencia global de sabotaje. Lo que hoy vemos en España como un «reto viral», que es así, aunque ustedes no lo crean; que ha forzado el cierre de más de 300 piscinas debido a la presencia de residuos fecales, ha encontrado un lamentable eco en el Paseo Turístico Los Caciques en Guanare. Lo que fue proyectado como la piscina más larga de Latinoamérica y un orgullo para nuestra región, hoy enfrenta denuncias similares que empañan una inversión pública sin precedentes.

Este fenómeno no es solo un atentado contra la salud pública y la transmisión de bacterias, sino una manifestación de cómo el anonimato de las redes sociales incentiva la destrucción de lo que nos pertenece a todos.  Detrás de estos actos, parece gestarse una campaña insidiosa que busca viralizar lo negativo para opacar los logros de la gestión pública del actual gobernador. Resulta temible observar cómo sectores intentan transformar una obra de sano esparcimiento en un foco de críticas mediante acciones deliberadas de insalubridad o, peor aún, incitando a la violencia en eventos públicos —como iniciar peleas en conciertos para terminar en disturbios— con el único fin de dañar el patrimonio común y hacer saltar a la fama, a una noble sociedad como la portugueseña, como personas violentas, de poco civismo. Pero yo creo que no se trata solo de «malos ciudadanos», sino de una estrategia de desprestigio que utiliza el daño a la propiedad del Estado como una herramienta política y social para invisibilizar el progreso. No quiero creer que detrás de todo esto, ésta la insana actitud, de quienes gritan “elecciones ya” y “muerte a los chavistas”, no lo quiero creer, pero se parece igualito…

Tras los eventos electorales del 28 de julio de 2024, Venezuela experimentó una ola de manifestaciones que, en ciudades como Guanare, derivó en la destrucción de monumentos emblemáticos, entre ellos la estatua del Cacique Coromoto. Este acto no fue solo un ataque al mobiliario urbano, sino un asalto a la simbología de identidad local. Esta conducta de «iconoclastia política» busca, a través de la violencia física contra el objeto, drenar una frustración social acumulada, pero termina hiriendo el patrimonio común que pertenece a todos los ciudadanos, independientemente de su postura partidista.

Este fenómeno de degradación del espacio público tiene un paralelismo simbólico con el lamentable episodio de las heces fecales en lugares públicos de Guanare. Ambos actos representan una ruptura del contrato social y del respeto por lo compartido. Mientras la destrucción de estatuas intenta borrar un símbolo, el ensuciar deliberadamente los espacios comunes busca humillar la dignidad del entorno. Estas acciones se ven alimentadas por campañas de odio en redes sociales como Instagram, donde se ha observado un fenómeno insidioso: comentarios «antiportugueseños» vertidos por los mismos habitantes del estado. Esta autosegregación desprecia logros colectivos, como el impecable despliegue de los cuerpos de seguridad durante la Semana Mayor, cuya labor de protección es invisibilizada por una narrativa que solo busca resaltar lo negativo, socavando la moral de quienes trabajan por el bienestar público.

Es innegable que el estado enfrenta crisis profundas en sectores críticos como el sistema eléctrico y la salud hospitalaria, desafíos que representan una tarea urgente para el gobierno central y figuras como Delcy Rodríguez. Sin embargo, resulta contradictorio que, mientras se exigen estas mejoras, se ataque el esfuerzo de alcaldes y gobernadores por recuperar plazas y parques. El «sano esparcimiento» es un derecho del pueblo trabajador, ese mismo «pueblo pobre» que muchas élites locales parecen aborrecer o considerar solo como una cifra electoral. Negar la importancia de un espacio público digno bajo el argumento de que «hay otros problemas» es una forma de clasismo que pretende condenar a las mayorías a una vida sin recreación ni belleza urbana.

Es momento de que el gobierno regional, encabezado por el gobernador Primitivo Cedeño, comience a parar bolas a la naturaleza real de estos ataques que, bajo la apariencia de «retos virales», esconden una intención clara de desprestigio y sabotaje. No se trata simplemente de imponer autoridad o aplicar sanciones, sino de canalizar con inteligencia las malas energías de ciertos sectores que, en lugar de santificar su cultura y respetar los espacios comunes en Semana Santa, prefirieron literalmente «cagarse» en el gentilicio de nuestra gente. Es vital identificar de dónde vienen estas matrices de opinión que buscan transformar una inversión turística histórica en un foco de burlas, para así contrarrestarlas con educación ciudadana y una estrategia de comunicación que no permita que la mala fe de unos pocos empañe el esfuerzo de todo un estado.

He dicho… y nos leemos a partir de este momento, todos los jueves

Édgar Alexander Morales

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