⁣Es un espectáculo tan común como vergonzoso. Mientras atraviesa una crisis multifacética, un sector de la sociedad venezolana, particularmente algunos comerciantes y profesionales, despliega una lógica tan cortoplacista como autodestructiva. La secuencia es predecible: en una red social, junto a una cerveza bien fría, publican una fotografía con un mensaje que roza la súplica: un meme celebrando sanciones económicas que ahogan a su propio pueblo, o un comentario ardiente esperando una «intervención humanitaria» que, en su imaginario, se parece más a una película de Hollywood donde los marines son los héroes y los únicos que caen son los «malos».⁣

Actúan bajo la ilusión de que pueden incitar al odio y a la injerencia extranjera sin consecuencias. Creen que la soberanía nacional es un concepto abstracto que solo aplica cuando les conviene. Pero cuando el Estado, ejerciendo su derecho y deber de defender la integridad de la nación, procede a arrestarlos por estas acciones, el drama se desata. Ahí están entonces, llorando, «chillando» y lanzando diatribas en las mismas redes sociales, exigiendo sus «derechos humanos», clamando por la libertad de expresión.⁣

He aquí la ilógica suprema: exigen hasta el último de sus derechos como ciudadanos, pero son absolutamente incapaces, por una apatría visceral, de cumplir con el primero y más fundamental de sus deberes: defender la patria.⁣

Este deber no significa necesariamente empuñar un fusil. Significa lealtad, significa no clamar por la destrucción de tu propia casa porque no te gusta el mayordomo. Significa entender que la solución a los problemas internos no puede venir, nunca, de la mano de una potencia extranjera cuyos intereses históricos han sido, por definición, imperialistas.⁣

Se engañan a sí mismos con una fantasía letal. ¿Acaso creen que las bombas «inteligentes» de Donald Trump, quien ahora anuncia que las operaciones «contra las drogas» ya no serán solo por mar, sino por tierra, tienen un chip que distingue entre chavistas y opositores? ¿Creen que los misiles crucero preguntan la afiliación política antes de impactar? La historia es clara: las intervenciones gringas en Vietnam, Irak, Libia o Afganistán no distinguieron entre inocentes y culpables. Sembraron caos, muerte y una destrucción que perdura por generaciones. Ese comerciante que publica su foto en WhatsApp, ¿realmente cree que los generales del Pentágono vieron su estado y anotaron: «A este, cuando invadamos, déjenlo vivo»?⁣

Da asco, sí, tener que llamar compatriota a alguien así. Basta con mirar al mundo para entender lo antinatural de su postura. ¿Dónde se ha visto a un árabe con dignidad celebrar la invasión estadounidense a Irak? ¿Dónde está el chino, el ruso o el iraní que pide a gritos que una potencia rival tome su país? Incluso en la guerra de Ucrania, uno puede discrepar del servilismo de su gobierno hacia la OTAN, pero es imposible no admirar la dignidad feroz con la que ciudadanos comunes tomaron las armas para defender su tierra de lo que ellos perciben como una agresión. Es el instinto más básico de cualquier comunidad: la autodefensa.⁣

Estos «patriotas» de pacotilla, en cambio, abren la puerta y tienden la alfombra roja al invasor. Han sido engañados por la lógica ilógica del capitalismo salvaje y el servilismo colonial, que les hace creer que su bienestar individual está por encima del destino colectivo de la nación. Piensan que cambiando de amo les irá mejor, sin darse cuenta que en ese cambio, lo único seguro es que la patria, nuestra tierra común, será la que saldrá destrozada.⁣

La reflexión final es amarga. Mientras Venezuela se debate entre la crisis y la esperanza de una solución soberana, estos personajes representan el mayor obstáculo: la traición internalizada, la renuncia a la propia dignidad. No hay derecho que valga si no está sustentado por el deber. Y el primer deber es no claudicar, no vender la patria por una botella de cerveza y un like en las redes. La liberación que llega de fuera no es liberación, es colonización. Y eso es algo que, por suerte o por desgracia, la historia nunca perdona.⁣

 

Coñoetumadre….

 

Édgar Alexander Morales

Periodista

Director de Portuguesaaldia.com

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