La selección de Gareth Southgate arrolla a una muy débil Irán y muestra su gran repertorio ofensivo sin necesidad de que anote Kane, su mejor chacal

No se demoró Inglaterra, que despegó como un tiro en Qatar. Fundió a Irán con una zurra considerable, puño de hierro, palo a palo.

De nada la sirvió al conjunto persa un sobrepeso defensivo. De mucho le sirvió a Inglaterra su escuadrón ofensivo.

No necesitó jugar, le bastó con atacar. Del resto se encargó el equipo del portugués Carlos Queiroz, sorprendentemente ingenuo para ser el más veterano del torneo. Y no le falta recorrido al propio Queiroz, con cuatro Mundiales en la mochila, a solo uno del récord del brasileño Carlos Alberto Parreira. Como cierre, la enésima estupidez de ese artefacto que es el VAR en manos de quién sabe quién. Para el 6-2, en la última milésima del encuentro, un penalti que fue un diminutivo de penaltito, o menos aún. Delirantes tiempos, tiempos de gloria para el cada vez más copioso pelotón arbitral. Resulta que el sector que debiera ser el más transparente y preciso del tinglado es el más babélico. De traca.

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