Para los habitantes de Araure, el Domingo de Resurrección no es solo una fecha religiosa, es el momento en que la «sabiduría del pueblo» sale a la calle para ajustar cuentas con la historia a través de la Quema de Judas. Este año, el centro de Araure fue el escenario donde un muñeco con el rostro de Donald Trump se convirtió en el depositario de las frustraciones y críticas de la comunidad.
El Testamento: Entre la Sátira y la Denuncia
El acto central no es la llama, sino la lectura del Testamento, un documento cargado de rimas, ironía y una visión geopolítica muy particular desde la óptica popular. El «Judas Trump» de Araure fue presentado como el «comandante de la mayor legión de pervertidos» y el «exterminador de todo lo que no se parezca a él».
En su testamento, el personaje reparte «herencias» cargadas de veneno político:
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A la dirigencia opositora: Les dedica palabras fuertes, acusándolos de «lamebotas» y dejándoler, en tono de burla, su «lengua negra» y hasta su «pantalón roto».
Un mensaje al mundo: El texto clama por los «pueblos oprimidos» que se sienten en desventaja ante el «imperio», haciendo mención específica a los pueblos latinoamericanos y palestinos.
Más que una Quema, un Desahogo Popular
La nota de color la puso la multitud que, entre risas y consignas de «¡Fuera!» y «¡Asesino!», celebró cada línea del testamento leído por un orador local ataviado con sombrero tradicional. La sabiduría del pueblo en Araure utiliza esta tradición para transformar el descontento en una puesta en escena colectiva donde, al final, el fuego purifica y simboliza la victoria de la justicia «humana o divina».
El evento culminó con el grito de cumplimiento: «¡Cúmplase! Firma: El Diablo Trump», dando paso a la quema del monigote ante la mirada atenta y los celulares de los vecinos del casco central de Araure.
Redacción Portuguesa al Día
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