Una tarde, cuando había mucho viento, en un pequeño pueblo cerca de los palafitos del lago de Maracaibo, los inseparables amigo Pedro y Mikerü, que habían salido de la escuela, en donde la maestra Wayú contó sobre la valerosa batalla del Lago de Maracaibo por nuestra armada naval. Quedaron maravillados por aquella historia; leída con pasión por la maestra, que les elevó su imaginación al cuadrado, como decía Pedro cuando su imaginación se echaba a volar. Mikerü, no se quedó atrás, conoce la batalla por la historia que le ha sido contada por los narradores Wayuu, que no escatiman creatividad para hacerla lo más interesante.
Ambos venían a la orilla del lago, traían sus bultos de cuero, realizados por las mujeres Wayú, también llamado mochila colombiana. Buscaron el mejor sitio, donde nadie les molestara. Habían hecho anotaciones. Y algunos dibujos, es como si sus mentes se conectaran y se hablaran de lo que estaban pensando mientras escuchaban la candente batalla naval. Ambos sacaron sus tazas del bulto y colocaron un jugo que traían en un tarro de arcilla, con su tapita de corcho y se sirvieron, mientras por otro lado masticaban un buen trozo de casabe o mandioca.
Mientras degustaban su merienda, que no habían tocado en el recreo de la escuela, sacaron de sus bultos, los cuadernos de dibujos y de estos arrancaron una hoja cada uno, también escarbaron en la profundidad de los bolsos hasta encontrar lo deseado. Un Lápiz de grafito. Así, comenzaron a elaborar sus barcos de velas, dibujando sus cañones para hacer frente a los Goletas del imperio español.
Mikerü, comenzó a repasar sus anotaciones escolares y las resumió así: La batalla del lago de Maracaibo, fue un enfrentamiento encarnizado en las aguas del lago. La batalla era desigual, pero el ejército español luchaba por su sobrevivencia en estas tierras y por su dominio de este lado del continente. Sin embargo, nuestras fuerzas patriotas se jugaban la independencia de Venezuela, esta batalla echaría por siempre al ejército español de tierras de Venezuela y la Nueva granada, al mando del valeroso almirante José Prudencio Padilla. La escuadra patriota estaba compuesta por los siguientes bergantines: Independiente, Marte, Fama, Confianza, Gran Bolívar. Esta batalla era entre la escuadra de la República de Colombia y la escuadra de la Armada del Reino de España y se dio en el Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823. Contó la maestra que los buques españoles estaban muy bien preparados. Pero las goletas de la Gran Colombia usaron tácticas audaces que dejaron locos a los españoles, estos eran menos ágiles para entender y comprender las tácticas criollas. La victoria fue contundente. Además, los criollos conocían al lago, y este de manera mágica actuó y se comportó a favor de la libertad y la independencia de la gran Colombia. Por supuesto que varios barcos fueron hundidos y otros fueron capturados, gracias a Dios, así, se marcó el final del dominio del imperio español.
Al terminar la lectura de sus anotaciones, Pedro aprobó lo leído por Mikerü y ambos comenzaron a elaborar sus barcos de papel, nuevamente el mundo de la imaginación contemplaría la gran batalla. A ambos les encantaba construir barcos de papel, y Mikerü era un experto en diseñar estrategias. Pero algo faltaba, los niños se miraron y hablaron en sus mentes. Al unísono- ¿Y el enemigo? No podía faltar en esta historia. Así que miraron a su derredor, a ver que conseguían que pudieran hacer el papel de los barcos españoles. Por allá estaba una lata de coca cola con una actitud amenazante. Iba y venía, no se dejaba arrastrar por la ola del lago. Esta la tiraba lejos, pero ella se dejaba rodar otra vez, como Prometeo encadenado, insistía en volver hasta llegar a la orilla y volver a ser devuelta una y otra vez lejos de la orilla.
Mikerü, se acercó a la lata, la tomó y sacando una navaja que utilizaba para tallar jabalí, venados y también elefantes para la venta, comenzó a perforarla y a darle forma de vela, mientras Pedro se afanaba con su barco de papel y le dibujaba las cañoneras para el evento que se aproximaba. Mikerü, afanó tanto con la lata de coca cola, que logró con su imaginación y su creatividad, transformar la lata en un imponente acorazado. Le pintó banderas españolas y le colocó cañones hechos de palitos de helado que habían dejado unos turistas el día anterior en la orilla. «¡Esto será nuestro enemigo!», dijo Mikerü. «¡Y nosotros lo venceremos con nuestros barcos de papel!», añadió Pedro.
Seguidamente, echaron sus barcos de papel al lago. Pedro había construido un velero rápido y elegante, mientras que Mikerü preparó una pequeña fragata resistente. El acorazado de lata flotaba en el centro del lago, listo para el combate.
«¡Atención, capitán Pedro!», gritó Mikerü. «¡El enemigo está al frente!». Pedro, con su barco de papel, navegó hábilmente entre las olas, esquivando los «cañonazos» que Mikerü lanzaba con piedritas desde la orilla. «¡No nos rendiremos!», gritó Pedro, mientras su barco se acercaba al acorazado.
Mikerü, desde su fragata, lanzó un ataque sorpresa. Con una ramita, empujó el acorazado hacia una zona del lago donde el viento era más fuerte. «¡Ahora es nuestra oportunidad!», dijo Mikerü. Pedro, con destreza, lanzó un pequeño papel en forma de torpedo que golpeó la lata justo en el centro. ¡Boom! El acorazado se balanceó y comenzó a hundirse.
El acorazado de lata se hundió lentamente en el lago, y Pedro y Mikerü celebraron su victoria. «¡Lo hicimos! ¡Defendimos nuestro lago!», gritó Pedro, levantando su barco de papel como un trofeo. Mikerü sonrió y dijo: «Fue un trabajo en equipo. Sin ti, no lo habría logrado». Desde ese día, los dos amigos se convirtieron en los héroes del Lago de Maracaibo. Cada tarde, construyen nuevos barcos de papel y recuerdan su gran batalla contra el acorazado español. Y aunque era solo un juego, entienden, con imaginación, creatividad, voluntad, amor patrio y trabajo en equipo, podrían vencer cualquier obstáculo, incluso a nuevos tipos de invasores, como hicieron los habitantes de Chuao, que defendieron así la paz y la soberanía de La República Bolivariana de Venezuela, eso además es lo que nos enseñó la maestra Wayuu, como lección de vida y para la vida.
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