El reciente secuestro del presidente Nicolás Maduro por parte de instancias de poder de los Estados Unidos ha puesto a prueba, una vez más, el temple del tejido social venezolano. Sin embargo, lo que el mundo ha presenciado no es la explosión de caos que muchos vaticinaban, sino una respuesta que redefine la lucha política: la victoria de la razón organizada sobre la violencia visceral.
El contraste de las estrategias
Históricamente, los sectores de la oposición radical en Venezuela han recurrido a la «guarimba», al golpe de estado y a la desestabilización como herramientas primordiales. Estas acciones no solo han fracasado en sus objetivos políticos, sino que han dejado una herida profunda en el país, cobrándose la vida de miles de ciudadanos y destruyendo el patrimonio común. Para estos sectores, la violencia parece ser el primer recurso ante la falta de un proyecto de país cohesionado.
En contraparte, frente a la agresión directa contra la figura presidencial y la primera combatiente, Cilia Flores, el chavismo ha optado por un camino distinto. No es la falta de indignación lo que ha mantenido las calles en una tensa calma constructiva, sino la conciencia política.
La violencia como síntoma de debilidad
Existe una máxima que estos eventos han dejado clara: la violencia es el arma de quienes no tienen la razón. Cuando se carece de argumentos legales, de apoyo popular genuino o de legitimidad moral, se recurre a la fuerza bruta —ya sea mediante bloqueos, sanciones o secuestros internacionales—.El Secuestro: Es una medida de fuerza que ignora el derecho internacional y la voluntad soberana de un pueblo. La Respuesta Popular: Se ha manifestado en la exigencia diplomática, la movilización pacífica y la cohesión institucional.
El costo de la agresión
No se puede ignorar que el asedio contra Venezuela ha costado vidas. El bloqueo y la privación de libertad de sus líderes son actos de violencia sistémica. No obstante, la madurez del factor político revolucionario radica en comprender que responder con la misma moneda de caos solo serviría a los intereses de quienes desean ver al país convertido en un territorio ingobernable.
La exigencia por el regreso de Nicolás Maduro y Cilia Flores se mantiene firme, pero se hace desde la altura de quien se sabe del lado correcto de la historia. Venezuela está demostrando que la verdadera fuerza no reside en la capacidad de destruir, sino en la capacidad de resistir con inteligencia y unidad. Mientras unos apuestan por el estallido, el pueblo consciente apuesta por la política, demostrando que la paz es la victoria más contundente contra la arbitrariedad.
Édgar Alexander Morales Jayaro