Dentro de los análisis clásicos de la política está, el saber aprovechar el momento oportuno dentro del tiempo que convoca las emociones.

Hemos vivido mucho de esto durante diferentes contiendas políticas, que han despertado a la emocionalidad del voto.

Recientemente, y en el uso exagerado de las cosas, pasamos de unas pseudo elecciones primarias, sin controles ni contención, donde MCM cobró y se dió el vuelto como decimos en el llano. De allí, una matriz de opinión bien ganada, con matices de un discurso revanchista y condenador, ha hecho gala de su amor propio y falta de coherencia con el país. No puede negarse que ella representa a una casta que desea eliminar a la otra que se encuentra enquistada en el poder. Sin duda, sus posiciones de enfrentamiento de un supuesto verbo encendido, pero mal estructurado; le ha dado resultados dentro del favoritismo de quienes se identifican con la idea del paredón de fusilamiento. Recuerda un poco a aquellas palabras del insigne adeco Morales Bello, cuando ante la intentona golpista de Chávez dijo en el recinto de la Asamblea; “mueran los golpistas”.
Ese arraigo por las venganzas y verbos de violencia suele estar conformado por lo que se ha venido denominando la antipolitica.
Es una suerte de populismo vengador al estilo Milei en Argentina, aprendido del no menos célebre Donald Trump. Con esto, no digo que un gobernante de estas magnitudes no pueda llegar a ser bueno; mi criterio es que, en la práctica se ha demostrado que no llegan a nada y pasan por debajo de la mesa, tal como le ha ocurrido al mismo Trump, que no logró repetir como presidente de los Estados Unidos.
Eso es harina de otro costal. Importa en este análisis, visualizar la indiscutible convocatoria y emocionabilidad del voto a favor de MCM, que en este momento es indiscutible, dado que el mismo gobierno la ha victimizado ante la opinión pública, asumiendo ese costo político para no dejarla participar. Aguas afuera, el clamor sobre una democracia transparente (que no la hay), crea opiniones de gobiernos de otros países a favor de la intención sobre MCM, pero más aún, de que se retome el tema de unas elecciones libres y participativas. Por otra parte, el gobierno no puede negar no sólo su desgaste, sino su cúmulo de errores cometidos, y a punta de bonos, pretende cual “casta argentina” tratar de salvar mantenerse en el poder. Sin embargo, las realidades del país austral no son las mismas que acá, y eso hace la diferencia.
El poder político se juega su última carta, por tanto es el momento de definiciones sustanciales. Hay necesidad de que se defina a un candidato de experiencia y de discurso claro y preciso, que hable con conciencia de país y arraigo ante las circunstancias que vivimos. Es el tiempo del Tigre, ya lo he propuesto antes en mis escritos; y mi conclusión estriba en que requerimos un conciliador que ponga orden a esta anarquía política y de país. Eduardo Fernández representa el conocimiento cierto del país en este tiempo, por eso es su momento.

Rafael García González. 03/02/24

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