Hoy dedicaré mi columna a un hermano de la vida que el pasado 23/11, se marchó físicamente al etéreo de Dios. Quiero disculparme con mis asiduos lectores de mis reflexiones semanales, ya que esta semana hablaré sobre el sentimiento y la amistad.


Para quienes son de Acarigua, el amigo Tony, o mejor aún su Tonypan, es reconocido su nombre porque su arraigo en su pueblo así lo conocimos. Tony Speranza hizo honor a su apellido, siempre fue un hombre alegre y lleno de ese espíritu esperanzador con el que marcaba cada día de su existencia. Ir a su panadería no solamente era tomar un café o comprar el pan, era sentirte que te recibía tu hermano, ese amigo presto a escucharte y hasta fastidiarte la paciencia con sus ocurrencias.


Vivió feliz y de allí el aprendizaje de vida que nos deja. Forjó una hermosa familia con sus tres hijos y esposa y nuestra nonna que aún está en casa. Todos ellos mi familia, porque como él decía, somos la “Gran Familia Tonypan”.


Tony se nos va, pero queda todo ese marasmo de recuerdos y haberlo conocido desde nuestra época de jóvenes discotequeros (aunque esta revelación le haya echado paja, jajajaja porque su esposa me contó que solo una vez la llevó allí; perdóname esa carajito); durante muchos años tuve el honor de ver a sus hijos crecer al lado de las mías, juntos al colegio y coincidiendo en la forma de hacerlos hombre y mujeres de bien. Creo que ambos lo logramos, hoy lo son.


Tony nos marca con su estilo libre y su forma sencilla, espontánea y ocurrente, el creador del club del intercambio de barajitas del mundial de fútbol, porque desde hace años también compartimos eso. Quizás su amada selección italiana suponía su ausencia tal cómo esta vez no estuvo en este mundial.
Fue un gran ejemplo de familia y de perseverancia. También obviamente como humano cometió sus errores, quien no; pero ante sus dificultades supo sobreponerse.


El amigo Tony no opinaba de política, se mantenía al margen y aceptaba tanto a oficialistas como de oposición, aunque a veces manifestaba su descontento por la Venezuela que extrañamos y de dónde nos criamos. Esa que nos permitió estudiar y hacer planes de vida; con políticas económicas aunque fueran malas, pero que por lo menos mantuvo a la familia unida siempre; y no vivir lo que nos ha tocado de hijos fuera del país que quizás no se vuelvan a ver. Episodio este repetido tantas veces en nuestra actual realidad.


En muchas oportunidades nos sentábamos con un café que me brindaba para escuchar lo que nos unía de nuestro país, ver con tristeza como se acabó la educación y formación en la escuela, liceos y universidades; ver la miseria de mucha gente sin oportunidades a las que siempre supo regalar aunque fuera un pan. Hablábamos de nuestros padres extranjeros, el suyo italiano y el mío español, que vinieron al país y lo hicieron grande con el ejemplo y la moral.


Tony el amigo. Su ausencia me dejará no solo un vacío en el alma, sino que ya no tendré con quien analizar mi QUO VADIS.


Adiós mi hermano Tony. Seguro estarás convenciendo a San Pedro para crear un grupo de la gran familia Tonypan dónde puedes decirle a todos, “LO MASSIMO CARAJITO!!!

Rafael García González

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