Cuenta una leyenda de la India, que había un beduino el cual iba de pueblo en pueblo vendiendo la fórmula para crear pepitas de oro. El asunto consistía en reunir a la gente en la plaza central de los pueblos y una vez se agrupaban preparaba su poción mágica con agua y un polvo que agregaba el cual daba una coloración amarilla como el oro. Decía las palabras de costumbre “zsazsasann” y zas sin que nadie se diera cuenta dejaba caer al recipiente unas tres pepitas de oro y así engañaba a la gente. Los incautos, al ver tamaña forma de producir riqueza, pagaban al beduino por su fórmula mágica, el cual la vendía pero para ello cada uno debería entrar a su carpa en forma privada para explicar el secreto final de lograrlo. Así, una vez pagado el precio, cada comprador entraba a la carpa y allí el beduino le decía que mientras removían la fórmula por él creada, NO PODÍAN PENSAR EN EL MONO CON LA CARA BLANCA; a lo que la gente le decía; pero cual Mono de la Cara Blanca? Y él decía, pues justamente el que tratará de aparecer en tu mente cuando estés removiendo la fórmula; si eso ocurre pues no aparecerán las pepitas de oro.
De esta manera el beduino veía arreglado su engaño, ya que jamás; obviamente la gente no lograría obtener las tales pepitas de oro, y el sagazmente quedaba como hombre que cumplió con el trato, ya que la gente al no lograr obtener las pepitas de oro, el siempre alegaría que se dejaron dominar por el pensamiento del mono con la cara blanca.
Con este relato interesante sobre lo que es el engaño y la sagacidad para lograr estafar la voluntad de la gente, vemos que en la actualidad permanecen los hacedores de pepitas de oro y nos las muestran y las lucen frente a nosotros para imbuirnos en cantos de sirena inexistentes, pero que movidos por la necesidad y también por la codicia humana, apuestan y se dejan llevar por ideas ficticias de dinero o riqueza fácil y sin esfuerzo.
El mundo se ha estado moviendo hacia los hacedores de pepitas de oro, gente inescrupulosa que sin conocimiento alguno de oficios o estudio, logran engañar cuál flautista de hamelin, a un cúmulo de personas atraídas por el embrujo de las redes sociales y su poder mediático; con discursos como los enunciados en las letras del reegueton, donde ahora se funda la cultura de lo vulgar y chabacano.
Allí se funden las imágenes del mono de cara blanca que no deja que se produzcan las codiciadas pepitas de oro, en ese marasmo de vida vacía y cargada de opulencia de los flayer y selfies que muestran los logros de sueños en los que en las noches no puedes dormir.
Esta nueva formación de la mentalidad del hombre de este siglo XXI, imbuidos en falsos líderes que aúpan la flojera, la rumba desde los jueves, haciendo ver que eso pueda ser un logro revolucionario, pues deja mucho que desear en un conglomerado social distanciado de la moral y las buenas costumbres.
De seguro, El Emilio de Rousseau, quedaría estupefacto ante tal vileza de la formación intelectual del hombre.
En nuestro país se ha incrementado o desacelerado el proceso del pensamiento. No hay un verdadero sentido crítico de la realidad. El sistema ha logrado meter en la mente de la gente al mono de la cara blanca, y así lograr sus apetencias exponenciales de la falta de preparación. El lema es adula que yo te ayudaré. Mientras más adulador seas, mayores tus beneficios. De ahí vemos a gente de diferentes estratos usando la fórmula de las pepitas de oro a quienes si les ha funcionado y hoy día exponen riquezas de la nada. Ellos quizás nunca les llegó el pensamiento o la intervención mental del mono con la cara blanca; lograron persuadirlo y de allí el éxito alineado con su cara lavada ante la ética y la moral, con títulos profesionales obtenidos de puro papel y sin la profundidad del conocimiento verdadero como herramienta para la vida.
El mono de la cara blanca, ha sido controlado y esto les ha permitido estar bajo la sombra de la ignorancia y la mediocridad en una realidad de pepitas de oro multiplicadas ante la idea de aquellos que los siguen viendo como ejemplo a seguir, pero que su economía no alcanza ante el hambre que agobia. A ellos, el mono de la cara blanca los domina y subyuga. Para ellos no hay oro, ni valores, ni buena vida. Tendrán que conformarse con una bolsa de comida cuando llegue sin poder decir más nada y aprender la adulación como única vía para lograr las pepitas de oro.
Rafael García González
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