Las dimensiones de las culturas, vivieron sus grandes momentos en edificaciones que superaban grandemente las dimensiones de un hombre normal. Prueba de ello lo vemos a través de la historia, donde ese hombre creó y dejó evidencia de su grandeza a través de inmensos monumentos dedicados a espacios metafísicos de su cultura y entorno.
El mundo de hoy se debate entre un pasado de historia que rebasa límites de millones de años. Quizás la más reciente tiene que ver la que se ha medido después de Cristo. Esto es, en nuestro calendario Gregoriano algo así como 2100 años.
Ese pasado de muestras de grandeza y poder del hombre sobre el hombre, a ratos se avizora cíclico y constante cambiando de escenario.
Algunos miran su pasado personal y añoran los tiempos del ayer, sobre todo si no se ha aprovechado esa maravillosa forma de hacer de la vida un vivir para contarlo.
El ser humano suele ser confuso en su pensamiento y forma de actuar, empero, sus egos y hábitos de sociabilidad lo caracterizan y ponen en evidencia su persona.
Solemos hablar de personas malas o buenas mientras estamos vivos y luego por arte de la pérdida de la vida, pues generalmente todos somos o hicimos algo bueno.
Hasta los más grandes y nefastos gobernantes se recuerdan por su mal al mundo, marcándose un hito con sus circunstancias como diría Ortega y Gasset.
Dentro de todo este marasmo de mundo, más allá del cambalache de Enrique Santos, o de las fantasías de Walt Disney, hoy por cierto algunas censuradas por los movimientos feministas, en cuanto a esa visión pasiva y dependiente de algunas de sus protagonistas de cuentos, como la bella durmiente que tuvo que esperar que un apuesto príncipe la sacara de un sueño profundo, al que nadie da cabida más allá de un coma inducido, o a la de una Cenicienta donde la lucha central es la de una mujer que solo espera ser sacada de su mundo de atropello por otro príncipe que la salve. Es decir, ese mundo de color azul y no rosa como ha querido verse, hasta donde las grandes obras épicas siempre los héroes han sido hombres; donde Homero no escapó a tal directriz cultural y más antes de eso, la misma historia religiosa nos lleva a mirar a un Dios, en cuya psiquis siempre vemos inspiración de un hombre; nos hacen reflexionar sobre esta desbordada fórmula de valores y sentido común sexista que ha marcado esa historia.
Pero aquí no trataremos este último aspecto planteado, la reflexión viene dada por los matices de la dominación por el poder.
Nuestro país, como todos los países del mundo, guarda su repertorio guerrerista y protagónico de sus luchas. Muchos han sido los que han dejado hasta su sangre por los ideales de la Patria.
Prueba de ello, toda esa historia independentista, matizada por cosiatas y traiciones.
Nada ha sido distinto en el mundo de la política, donde lo menos aceptable es estar preparado para ello.
Este fenómeno estricta y genuinamente humano, ha sido tema desde la antigüedad hasta nuestros días, siendo que desde el fenecido siglo XX, que parecía innovador y fascinante, en apenas 10 años, ya este siglo XXI nos devora con su convulsión y transformación de lo sublime a lo irreverente.
Venimos a esta gran puerta del tiempo, quizás sin el ímpetu de la Paz que inspiró a Brandemburgo, sino por el contrario, a una gran puerta de escape a la violencia y desidia. De allí que las fronteras de todos los países, parecen en efervescencia, con intercambios jamás nunca vistos.
Los grandes aeropuertos del Mundo muestran sus mejores fórmulas para evitar ese ir y venir y cada Estado-Pais establece sus sistemas para abrir o cerrar la brecha de migrantes.
Nuestras puertas al mundo han estado aisladas de este corre y corre. Apenas comienza un incipiente movimiento en nuestros depauparados aeropuertos, con el agravante del vivismo criollo, que hace de la vida de un extranjero y de nacionales, toda una odisea para una simple fórmula de aduana.
Así mismo ocurre puertas adentro, en cada estado regional, donde cada Gobernador pareciera ser el dueño de una parcela de territorio, a la usanza de los procónsules romanos. Allí hay cada Cristo para llevarlo al Golgota, y un gran número de Barrabás en libertad absoluta haciendo de las suyas, mientras los Pilatos, (Gobernadores y Alcaldes) siguen lavándose las manos ante los ingentes problemas que los agobian. Algunos siguen en eventos de pan y circo como la expresó el poeta Juvenal en su Sátira X, 100 años AC.
De suerte que esta historia lejana pero unida a lo cíclico de sus eventos nos lleva a pensar en la
busqueda de mejores caminos sin Murallas de Adriano, pero si las del pensamiento y la reflexión del hombre. Puertas del conocimiento real ante tanta chabacaneria y tic tok de mal ejemplo, como las de ser payasos por un cargo político.
También sabemos que los arlequines formaban parte de las cortes de los reyes, pero que un rey que no sabe de música se vanaglorie de la profundidad de Bach, pues sería como exponer su Concierto a oídos sordos.
Esa es la gran puerta que debemos cruzar y comenzar a estructurar incluso dentro de quienes gobiernan.
Voces que de verdad sepan lo que dicen y no ejecutantes de cargos que repiten mal repetido un discurso vacío de participación democrática.
Seguirá siendo compleja la política, solo que habrá que preguntarle a Amador. (Léase Política para Amador, de Fernando Savater.)
Rafael García González
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