El mandatario anunció este miércoles una reestructuración profunda de su gabinete de ministros en un intento desesperado por desactivar la intensa ola de protestas y bloqueos de carreteras que paraliza al país.
La medida busca abrir de inmediato canales de concertación política e incorporar de forma directa a representantes de diversos sectores sociales en la toma de decisiones del Estado. Con esta estrategia, el Ejecutivo nacional pretende responder a los reclamos de mayor participación ciudadana y frenar el descontento popular que exige la renuncia del mandatario.
«Tenemos que reordenar un gabinete que tiene que tener una capacidad de escucha», declaró con contundencia el jefe de Estado ante los medios de comunicación en el Palacio de Gobierno. Las movilizaciones, que ya cumplen tres semanas consecutivas, son impulsadas por una coalición de agrupaciones de campesinos indígenas, gremios de transportistas y sindicatos mineros.
La reconfiguración del Consejo de Ministros se presenta como la última carta del gobierno para recuperar la iniciativa política y devolver la normalidad a las principales arterias viales del país. Los próximos días serán determinantes para evaluar si los nuevos nombramientos logran satisfacer las demandas de los sectores movilizados o si, por el contrario, las medidas resultan insuficientes para contener la histórica presión ciudadana.
Con apenas seis meses al frente del Ejecutivo nacional, la administración de Rodrigo Paz encara un escenario extremadamente complejo que amenaza la estabilidad de su gestión. La severa crisis política coincide con una situación económica alarmante, catalogada formalmente por los expertos como la crisis financiera más profunda que registra Bolivia en las últimas cuatro décadas. Esta asfixia económica ha servido como detonante principal para el malestar social y el estallido de las masivas manifestaciones en todo el territorio.
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