La propuesta de eliminar las tareas escolares para reducir el estrés familiar y promover la equidad enfrenta argumentos pedagógicos sobre su valor para el aprendizaje autónomo. Expertos abogan por un camino medio: no eliminarlas, sino transformarlas en actividades significativas.
El reciente anuncio del Ministro de Educación, Héctor Rodríguez, sobre la posibilidad de eliminar las tareas escolares en el país ha encendido un intenso debate que trasciende las aulas y se instala en los hogares venezolanos. La iniciativa, presentada como una medida para “repensar el sistema educativo desde la perspectiva del bienestar”, busca aliviar la carga que recae sobre las familias, pero ha encontrado escepticismo entre quienes ven en las asignaciones extracurriculares un pilar para la autonomía y el refuerzo académico.
El ministro Rodríguez argumenta que las tareas se han convertido en un “factor de conflicto y violencia intrafamiliar”, especialmente cuando los padres, tras exhaustivas jornadas laborales, carecen de las herramientas o la energía para guiar a sus hijos. “Tenemos que garantizar que el proceso educativo se desarrolle fundamentalmente en la escuela”, señaló durante el cierre del Plan Nacional de Formación Docente.
Posturas Encontradas: Bienestar vs. Rendimiento
El debate se polariza entre dos visiones del proceso educativo. Por un lado, especialistas en salud mental como el psicólogo Abel Saraiba advierten que el exceso de tareas deviene en un “detonante de estrés” que afecta la salud mental de niños y adolescentes y tensiona las dinámicas familiares. Subrayan la necesidad de tiempo libre para el juego, el ocio creativo y el desarrollo integral, elementos vitales para una infancia saludable.
Por otro lado, pedagogos y una parte significativa de la comunidad educativa defienden el valor de las tareas como “actividades de aprendizaje autorregulado”. Carlos Fernando Calatrava, exdirector de la Escuela de Educación de la UCAB, explicó que su propósito fundamental es “que el alumno aproveche su tiempo fuera de la escuela de manera autónoma”, reforzando lo aprendido y desarrollando hábitos de disciplina y estudio cruciales para su futuro académico.
La Equidad Educativa en el Centro de la Discusión
Un punto crítico del debate es la brecha socioeconómica. Los defensores de la medida argumentan que las tareas profundizan la desigualdad, ya que no todos los estudiantes cuentan con el mismo apoyo familiar, recursos o un entorno adecuado en el hogar. Su eliminación buscaría nivelar el campo de juego, concentrando el esfuerzo educativo dentro del aula.
Los críticos, sin embargo, temen que esta medida, en un contexto de sistema educativo ya debilitado, pueda interpretarse como una renuncia a los estándares académicos y una simplificación del desafío de mejorar la calidad de la enseñanza.
Expertos Proponen una “Tercera Vía”: Calidad sobre Cantidad
Lejos de los extremos, la voz de la mesura sugiere que el problema no son las tareas en sí, sino su calidad, cantidad y propósito. La educadora Luisa Pernalete, de Fe y Alegría, propone una reflexión profunda: “Una cosa es revisar el tipo de tareas que se envían (…) y otra cosa es eliminarlas”.
Los especialistas consultados recomiendan:
Tareas significativas: Reemplazar la repetición mecánica por proyectos creativos y aplicados.
Dosificación: Limitar el tiempo dedicado según el nivel educativo.
Diferenciación: Adaptar las actividades a los distintos contextos y capacidades de los estudiantes.
Fomento de la lectura: Promover la lectura por placer como alternativa.
Un Debate que Recién Comienza
El Ministerio de Educación ha aclarado que esta es una fase de consulta y discusión plural. La conclusión de este debate nacional podría redefinir no solo las rutinas familiares, sino los fundamentos mismos del proceso de enseñanza-aprendizaje en Venezuela, buscando un equilibrio entre el bienestar estudiantil y la excelencia académica.
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