(Cruz Mario Silva).– Los cambios políticos en Venezuela, que hay quienes prefieren llamar «transición sin María Corina», dejan a más de uno con la boca abierta. No es para menos, ya que la estrategia del gobierno de Donald Trump es clara: revalorizar el dólar y reconquistar espacios perdidos durante los últimos 20 años.
Guerra contra Irán, financiamiento de la guerra de Ucrania contra Rusia, incrementos arancelarios desmedidos contra China e inminente invasión a Nicaragua y Cuba; pero, retomando el tema local, se ha reactivado la industria petrolera y minera, se han cambiado piezas clave en la política comunicacional —como el nombramiento de Enrique Quintana— y en la administración de justicia también hubo movimientos. Además, se está pensando seriamente en un incremento de sueldo para el sector público y se han reorientado las relaciones diplomáticas y consulares con los Estados Unidos.
Entendemos que todo esto es producto del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Ahora bien, ¿qué vendrá «aguas abajo» en las gobernaciones y alcaldías? ¿Qué impacto tendrá para el chavismo y el pensamiento socialista una vez definidas las fechas de las elecciones? Esto va más allá de que Delcy Rodríguez termine el periodo para el que fue electo Maduro o se determine que debe haber una consulta, tal como lo establece la Constitución Nacional, bajo el entendido de que Maduro ni renunció, ni se le aplicó un revocatorio, ni falleció.
Los cambios en materia económica en estos últimos 60 días han dado un giro de 180 grados, a pesar de que las finanzas nacionales experimentaron un crecimiento de más del 8%, según indica la banca privada, con el consabido problema de que esto no impactará tan favorablemente en el presupuesto familiar.
Incluso los sectores de oposición ya no repiten como antes que «van a seguir con el cuento de las sanciones», debido a que los representantes estadounidenses y el propio Donald Trump dijeron que levantarán el asedio económico paulatinamente, aun cuando las ganancias del excedente petrolero las administrarán ellos a través de la Reserva Federal. ¡A vaina linda! Se esperan más cambios en la administración de Delcy Rodríguez como una forma de decirle al pueblo venezolano que el chavismo es quien decide, a pesar de la espada de Damocles que pende sobre la garganta de los líderes «rojos rojitos».
Una coalición con los opositores pareciera real. La puesta en escena de Enrique Márquez por parte del gobierno de Trump, dejando de lado a MCM, es un mensaje claro para ella y sus seguidores, aunque no lo quieran ver. Y lo mejor: la fuerza de base del chavismo está intacta. Hay un sentimiento de frustración por el secuestro de Maduro y un marcado rechazo al intervencionismo gringo en la política nacional. Aun cuando pareciera que las cosas van a mejorar, es mejor no cantar victoria antes de tiempo.
Y para mi estimado tocayo y camarada, Mario Silva: no se me desanime ni se canse por estos problemas. Aquí es donde los revolucionarios demostramos de qué estamos hechos. Tú, mi tocayo, eres esa guía y esa palabra orientadora ante tanta adversidad —y basura— que quieren echarle los «escuálidos» al chavismo y a Venezuela.

