Alirimar Parra, Cultora popular

Por donde comenzamos a construir las bases que sostendrán nuestra República en los próximos años, llevando a Venezuela a sitiales de honor y gloria, siendo el motor impulsor que propicie y motive las transformaciones espirituales, socio – culturales, políticas, económicas y geoestratégicas de nuestra gran Patria Continental Latinoamericana y poder consolidar junto a todos nuestros hermanos de diferentes países: el mundo multicéntrico y pluripolar que merecemos. Voy a citar aquellas humildes palabras que hiciera un hombre de oración y al que la historia conoce como Francisco, el pequeñito de Asís: “Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio lleve yo el amor, donde haya ofensa que lleve yo el perdón, donde haya discordia, lleve yo la unión, donde haya duda, lleve yo la fe. Donde haya error, que lleve yo la verdad. Donde haya desesperación que lleve yo la alegría, donde haya tinieblas que lleve yo la luz.
Hoy cito esta oración porque no es casualidad que tengamos un PAPA latinoamericano de un rincón de la América del Sur y lleve por nombre Francisco, en honor al más grande caballero que tuvo la capacidad de mediar entre bárbaros y católicos en plena gesta de las cruzadas, ojalá sepamos decodificar la dialéctica del tiempo sobre esta simbología y sobre lo que realmente vivimos durante las misiones en pleno desarrollo de la conquista en nuestra América, sí y solo así se consolidará Venezuela en Cristo y Bolívar. Estamos llamados a ser participes de la Nueva Diplomacia Internacional, fortaleciendo las políticas de estado sobre todo en materia educativa, cultural y social. Allí está la solución a muchas realidades, comencemos a unir los criterios apelando a la inteligencia y la persuasión, siendo gente de paz.
Ser hombres y mujeres de paz solo podrá cristalizarse al fortalecer la Unión de los Criterios, es mejor que tomar el papel de inquisidores, y menos aún repetir aquellas cruzadas a lanza y espada, que dejó millones de muertos en nombre de la forma más errada de exaltar a Dios. Evitando así que hoy el rigor de las armas devaste en fracciones de segundos pueblos enteros hasta exterminar la raza humana y dejar desolada a nuestra Pacha mama, nuestra querida hermana Madre Tierra.
Ser instrumentos de amor, de comprensión, de paz, de fe, de luz, de esperanza tiene una razón muy simple, dejar fluir el legado histórico de nuestra estirpe arawak, caquetía, los primeros pobladores de Habhya Yala, hoy América y que permanecen vivos en nuestra tierra venezolana como símbolo de la resistencia indígena, pueblo que enseñó la forma de vida comunal basada en el amor más perfecto, siendo capaces de vivir por más de 12000 años en armonía con la Madre tierra, que valga la dialéctica para hacer un verdadero estudio científico y ver como hicieron nuestros pueblos originarios para mantenerse y conformar el sistema comunal más perfecto que haya conocido la historia. No busquemos muy lejos lo que tenemos en nuestro suelo, en nuestros árboles, en nuestras venas que pulsan con fuerza y energía universal para que podamos reencontrarnos con nuestra esencia más sublime, la de ser dignos hijos del Dios del Amor al que ellos sirvieron y que no era el sol sino a las manos que están detrás del astro rey, así reza una antigua oración del pueblo Taíno, dignos hijos de Arawacos. Cristóbal Colón escribía en su diario que no había encontrado un pueblo tan ingenuo y lleno de amor como este y que su Cacique Guacanagaríx le había entregado su corona, mientras él le había dado su capa, no se comprendieron los códigos de la diplomacia y digo esto porque estamos justamente en un proceso donde es necesario comprender los códigos culturales, espirituales y religiosos para consolidar un sistema inspirado en Cristo y Bolívar.
Para construir se piensa en grande, en lo colectivo, en lo macro, pero también en lo micro, lo individual, radicalizar no tiene que ver con extremismos políticos o religiosos, tiene que ver con la comprensión de la diplomacia, ir al origen de los problemas, conocer sus causas y junto a un equipo ser capaz de comprometerse para propiciar las posibles soluciones y no quedarse quieto hasta alcanzar la victoria, en otras palabras la gloria. Un extremista es un fanático que no escucha razones y piensa que su criterio es el único válido, destruye a quienes piensan diferente, esto es lo que ha propiciado tantas guerras y millones de muertos, dejando pobreza, destrucción y barbarie en los pueblos del mundo.
¿Quien soy? ¿Radical o extremista?. Un extremista no es solo quien coloca una bomba y se auto inmola, sino que cierra puertas, miente para alcanzar objetivos, capaz de venderse al mejor postor sin tener el mínimo de respeto por los otros. Un radical ayuda a los que están en desventaja, que son pobres no solo en lo material sino en lo espiritual. Radicalizar es comenzar a valorar en autentica política a los hombres y mujeres espirituales que son los únicos garantes de reconquistar el bien más preciado: Nuestra Independencia Nacional, es necesario valorar a los hombres y mujeres para alcanzarla.
Esa Independencia se consolidará cuando los individuos alcancen el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas como orientación a las multitudes, percibiendo y actuando de acuerdo a las manifestaciones que esta haga de sus deseos y sus motivaciones intimas. Es un momento propicio para valorar las contradicciones existentes y aprovechar al máximo las múltiples facetas, dispuestos siempre a afrontar cualquier debate y a responder con determinación la buena marcha de Venezuela.
Podemos llamar Socialismo, Bolivarianismo, Martianismo, Cristianismo, está bien. Pero en esa dialéctica del tiempo entender como legado histórico la fe de este pueblo al Cristo Redentor, y su amor a la doctrina del Padre de la Patria, Don Simón Bolívar, El Libertador. En Cristo y Bolívar está sustentada la Base Moral de Venezuela.

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