Una noticia vergonzosa que proviene del Norte sacude las bases de nuestro gremio, al saber que un veterinario será huésped de una cárcel por amar a una perra.
En el insólito universo, jamás habíamos escuchado una versión tan sorprendente, pues un juez del Tío Sam, tomó la severa decisión de enjaular al médico de los animales durante veintiún años.
La acusación se fundamente en una práctica prohibida, pues el galeno que hizo el papel de Pluto no sintió ningún temor en quedarse pegao.
El veterinario, según el expediente de marras, con el ego más elevado que su autoestima, no se conformó con mirarse en el espejo durante la faena, sino que además filmó la escena para la historia.
Es una marca difícil de superar en la sabana con las montas silvestres de los jinetes de la Asociación de Burreros de Venezuela con sus cantares de libre albedrío.

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