No, no se ha equivocado de periódico. Tampoco es un titular de «Pedro El Malo» que se pueblicaba en el Regional. Es la cruda, gloriosa y deslumbrante realidad. En una ceremonia secreta, celebrada seguramente en la trastienda de un local de karaoke, el Comité Nobel Noruego ha hecho pública su decisión más audaz y visionaria: otorgar el Premio Nobel de la Paz a doña María Corina Machado.

¿Sus logros? Inmateriales, etéreos, de una magnitud tan sublime que escapa a la comprensión del ciudadano de a pie. Mientras ustedes y yo nos dejamos los pulmones intentando que no invadan nuestro pais, doña María Corina ha logrado la proeza suprema de pacificar… absolutamente nada. Y en un mundo tan conflictivo, mantener un estado de cosas inalterable es, sin duda, la forma más elevada de paz. Es la paz del desierto, la paz de la llanura. Una paz, en definitiva, de paja.

Este galardón no premia acciones, sino intenciones. No celebra tratados, sino tuits. No valora la reconciliación de enemigos, sino la ferviente adhesión de los ya convencidos al interes gringo. Es el Nobel de la Potencialidad, el Óscar al «Mejor Actor en Su Propia Película». Su labor ha sido titánica: ha logrado mantener una postura inquebrantable desde la cómoda butaca de la oposición, con buen vino y «cigarros a morir» un mérito indiscutible si consideramos que mantener el equilibrio en la cuerda floja de la retórica requiere una agilidad mental digna de un gold medal olímpico.

Se rumorea que el comité evaluó meticulosamente sus contribuciones. Entre los documentos presentados figuraban un dossier titulado “Cómo ser un símbolo sin haber logrado nada concreto”, una colección de discursos donde la palabra “libertad” se repite con la frecuencia de un mantra tibetano, y varios certificados notariales que acreditan su habilidad para llenar plazas… de seguidores en redes sociales.

El premio es, sin duda, un espaldarazo a una nueva escuela de pensamiento: la Paz por Instagram. ¿Para qué necesitamos acuerdos de desarme, procesos de diálogo complejos o la tediosa labor de reconstruir naciones, cuando podemos tener un hashtag trending topic? Doña María Corina ha entendido a la perfección que, en el siglo XXI, la paz no se firma, se postea.

Criticar este merecidísimo galardón es de una mezquindad supina de mi parte. Es no entender los nuevos paradigmas. Es como criticar a un chef por un menú degustación que solo existe en su imaginación. ¡La idea era sublime! ¿Qué más da que el plato esté vacío?

Así que, enhorabuena, doña María Corina. Su Nobel de la Paz (con Z de Zapato, que también es un símbolo) es un faro de esperanza para todos aquellos que aspiran a grandes cosas sin la molestia de tener que conseguirlas. Nos demuestra que, a veces, el mérito no está en apagar el incendio, sino en ser la persona que más alto grita “¡Fuego!” mientras posa para la foto con una sonrisa de paz. Una paz, que la llevan los migrantes expulsados de EEUU, eso sí, de paja. Brillante, dorada y perfectamente inflamable.

 

Edgar Alexander Morales

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