La historia de la comunidad libanesa en Venezuela está llena de capítulos fascinantes, marcados por el tesón, la adaptabilidad y, en ocasiones, por una fama inesperada. Un caso emblemático es el de los hermanos George y Bassil Battah, cuya vida dio un vuelco de la luminosidad del espectáculo a la pujanza del comercio, dejando una huella imborrable en la memoria de Acarigua.
Ídolos del Deporte-Espectáculo
Antes de ser comerciantes, los hermanos Battah fueron leyendas de la Lucha Libre venezolana en la era dorada de la televisión en blanco y negro. Junto a nombres míticos como El Santo, el Dragón Chino o Blue Demon, los Battah se encumbraron como fenómenos del cuadrilátero. Su popularidad fue tal que traspasó el ring y llegó a la pantalla grande o chica, siendo el propio Amador Bendayán quien los inmortalizó en un programa. Una famosa fotografía, gentileza de Antonio Rafael Méndez, captura este momento único, donde George Battah y el célebre animador aparecen en ring.
Aquellos eran tiempos de héroes y villanos bien definidos. Los recuerdos de los aficionados, como los comparte nuestro colaborador, incluyen anécdotas vívidas: «siempre iba a los ‘buenos'», y se menciona a «la Dama de las cadenas», un personaje femenino que, desde fuera del ring, intervenía en los combates con su particular y peligroso accesorio. Uno de los ring quedaba en el estadio de beisbol menor Roseliano Pérez.
El Segundo Asalto: La Comercial Battah en Acarigua
Cuando el rugir de la crowd se apagó y la Lucha Libre perdió su espacio estelar, los hermanos Battah demostraron el carácter emprendedor de su herencia libanesa. Cambiaron las máscaras y las botas de lucha por el mostrador y la caja registradora. Se dedicaron a la comercialización de mercancía seca y, entre los años 80 y 90, abrieron las puertas de la “Comercial Battah” en Acarigua, Estado Portuguesa.
Durante varios años, esta tienda se convirtió en un punto de referencia comercial en la ciudad. Una fotografía aportada por el señor Carlos Arturo Díaz los muestra en esa etapa, aunque con un detalle intrigante: George aparece sentado en una cama clínica, quizás como paciente o visitando a un familiar, un instante de vida cotidiana que contrasta con la imagen de fuerza y espectáculo de sus años de gloria.
Tras su etapa en Acarigua, los caminos de los hermanos se separaron. Según la información recabada, Bassil Battah emigró a Florida, Estados Unidos, donde se radicó y encontró un nuevo éxito en el mundo de los bienes raíces, un rubro en el que, se comenta, «le fue estupendamente bien».
En cuanto a George Battah, su rastro se vuelve más difuso.
La historia de los Battah es, en esencia, la de «La Pinza Libanesa»: una fuerza dual que supo aferrar con igual destreza la fama del espectáculo y las oportunidades del comercio, dejando un legado que se resiste a ser olvidado en los anales de Acarigua y de Venezuela.
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