La Conferencia de la Convención Climática Mundial finalizó en el norte amazónico de Brasil sin una hoja de ruta para la reducción de los combustibles fósiles. Los pueblos indígenas lamentaron que su masiva participación no se tradujo en poder de decisión en las negociaciones.
La 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la convención climática mundial, celebrada en Belém, en el norte amazónico de Brasil, concluyó sin lograr una hoja de ruta esperada para la reducción de los combustibles fósiles. De hecho, las 29 resoluciones finales de la cumbre no mencionan este factor clave de la crisis climática, que es responsable de cerca del 68 % de los gases de efecto invernadero. No obstante, sí hubo decisiones positivas, como la de triplicar el financiamiento de la adaptación al cambio climático hasta el año 2035 y la creación futura de un mecanismo institucional para promover una transición climática justa.
A pesar de la masiva participación indígena y la exuberancia del bioma amazónico como escenario, la cumbre no fue suficiente para reconciliar la humanidad con la naturaleza, según analistas. La ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, admitió que soñaban con muchos más resultados y reconoció que la cumbre tuvo «avances modestos». Silva destacó como un «paso relevante» el reconocimiento de la importancia de los pueblos indígenas y tradicionales en la lucha climática, lo cual fue saludado por la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica).
Sin embargo, la Coica y otras organizaciones lamentaron la «falta de ambición» por parte de los gobiernos del mundo y la ausencia de sus prioridades en la «parte operativa» de las resoluciones. En la declaración final de los Pueblos Indígenas de la Amazonia, expresaron que la «presencia no es participación plena y efectiva». Por consiguiente, demandan un protagonismo imposible en el mundo como está institucionalizado, reclamando acceso directo a la información, participación directa en los espacios de negociación y reconocimiento de sus estructuras propias de gobernanza, no solo como «guardianes» de los bosques.
A pesar del descontento en la parte resolutiva, durante la COP30 el gobierno brasileño homologó cuatro tierras indígenas, declaró otras diez áreas como indígenas y avanzó en los pasos iniciales de demarcación de otras 24 áreas. Esta acción atendió el reclamo de los pueblos originarios por la aceleración en el proceso de demarcación. Aun así, los indígenas reclaman una remuneración más justa del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre y que sus tierras permanezcan libres de explotación de petróleo, gas, minería y monocultivos.