Caracas califica la premiación de «farsa mediática» y la vincula a la agenda de EE. UU. contra la nación

El gobierno venezolano, a través de diversos voceros oficiales, rechazó categóricamente la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Machado, calificando el evento de una “farsa mediática” dirigida a deslegitimar las instituciones del país. El ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, fue uno de los primeros en condenar la decisión, señalando que el galardón carece de moral y credibilidad, y está alineado con la agenda de Estados Unidos. En este sentido, Gil y otros funcionarios subrayaron que la premiación a Machado solo busca avalar los llamados a la intervención y las medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra la economía nacional.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, también se pronunció en duros términos, asegurando que la elección de Machado para el Nobel de la Paz desvirtúa por completo el espíritu del premio establecido por Alfred Nobel. Rodríguez afirmó que el Comité Noruego del Nobel está actuando como un brazo ejecutor de la política exterior estadounidense, señalando que la ceremonia en Oslo es una «payasada» que ignora los crímenes reales contra la paz en otras regiones del mundo. Por consiguiente, la posición oficial de Caracas insiste en que el reconocimiento forma parte de una campaña de hostigamiento sistemático que busca crear un escenario de inestabilidad política interna.

La reacción del gobierno venezolano se centra en denunciar una presunta doble moral del comité de premiación, contrastando la entrega del galardón con el silencio ante los conflictos y las agresiones externas que, según Caracas, padece la nación. Además, diversos medios estatales han enfatizado que la ausencia de María Machado en la ceremonia demuestra la falta de arraigo y legitimidad de la dirigente, mientras que el país avanza en su «camino de paz» pese a las sanciones. Finalmente, Caracas reiteró que la premiación es un nuevo intento de la oligarquía internacional por socavar la soberanía y la voluntad democrática del pueblo.

Deja una respuesta