El fiscal general de la República y poeta, Tarek William Saab, vino a nuestra hermosa Mérida para proseguir su admirable campaña nacional contra todo aquello implícito en la turbiedad de una patología científicamente conocida como parafilia, que, en su diversidad, incluye la «pedofilia». También disertó en redor de la drogadicción entre púberes y adolescentes. En la sede del Liceo Libertador, ante una concurrencia de más de mil personas atentas a su discernimiento ejemplarizante [algo que envidiaría cualquier político propenso convocar masas con fines proselitistas] el notable jurista venezolano reprochó prácticas que agreden a los menores y sus consecuencias tanto para las víctimas como la sociedad toda.

La fluidez y exactitud oratoria, que no concede tregua a circunloquios, advirtió, deploró y criminó. No merecen indulgencia los adultos que, valiéndose de manipulaciones psíquicas, mediante la fuerza u otros artificios, cometen delitos abominables que afectan a inocentes seres humanos. Polemizó en torno a los insólitos propósitos de legalizar la parafilia en algunos países desarrollados como España, por ejemplo, impulsados por representantes de Estado. En sus clases magistrales relacionadas con desviaciones morales, Tarek William Saab no divulga infundios. Las tecnologías para la comunicación masiva de ideas han delatado la intencionalidad mórbida hasta de damas con voz y voto político en parlamentos para la aprobación de atrocidades: https://www.hispanidad.com/politica/espana/irene-montero-abre-puerta-legalizacion-pederastia_12037037_102.html.

El cientifismo describe nítido que la parafilia incluye las siguientes desviaciones morales:

1.- Exhibicionismo.

2.- Pedofilia.

3.- Travestismo.

4.- Voyeurismo.

5.- Sadismo-masoquismo sexual

La temática de la drogadicción genera múltiples discusiones en el mundo, siempre amenazado por el decadentismo que [cíclicamente] prorrumpe cada vez adeptos de sustancias de la heroica instantánea generada por el éxtasis alcohólico o proveniente de opioides, pujan a favor de licencias para cometer.

Suerte que en Venezuela ningún individuo influyente atrévase impulsar lo aborrecible condenado por el supremo jerarca del Ministerio Público, preocupado, auténticamente, por el destino de un país que, más temprano de cuanto especula la mamarrachada, enderezará lo torcido e igual corregirá una herencia de hábitos o costumbres negativas que impactan por destructivas que no merece sino vivir en paz y con acato a normas constitucionales.

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