Finales de mayo, las lluvias comienzan a arreciar, ya estamos en plena temporada de lluvia y los suelos mojados aguardan las nuevas plantas de café que deben ser sembradas aprovechando estos sabrosos aguaceros. Apenas se asome la luna menguantera nos disponemos a resembrar los cafetales viejos o a sembrar las nuevas plantillas.  Cada cosa en su tiempo, ya cesó el sol intenso, con él, aquellos calorones que dieron cuenta de varias matas de frutales, amenazando incluso la producción de café en las zonas más cálidas y de menor altitud.

 

Esta mañana, el intenso frío y la persistente lluvia motivó una exquisita y humeante sopa de pollo criollo, criado en el gallinero recién construido usando madera, bambú y unas latas de zinc que andaban estorbando en el patio. En ese pequeño cobertizo tenemos diez gallinas ponedoras, diez pollos criollos y veinte pollos “pata gruesa” que en pocas semanas están listos para el sacrificio. Esto me hace repensar que la experiencia nos enseña que debemos combinar el cultivo de café con otras actividades productivas que diversifiquen y ayuden a la economía familiar. Justamente, esta es la filosofía del conuco. La cría de aves de corral son una opción factible y no muy complicada, adecuando espacios y construyendo algunas modestas instalaciones donde albergar algunos animales que nos proporcionen la proteína animal para consumo interno y además puede generar algunos recursos extras. El campo es diversidad y así debe ser nuestro predio, finca o conuco, como quiera llamarlo.

 

Dos anécdotas opuestas:

La primera: En algún momento en que visitaba a un compadre en unos de esos campos donde se encuentran esparcidos tantos amigos cultivados en esta corta vida, llegué intempestivamente, sin dar señales previas de mi visita, al llegar, el compadre me dice; “compadre, porqué  no me avisó  que venía, yo hubiera bajado al pueblo a comprar un pollo pa’ guardarle”.

La segunda:  En otro momento en una de esas sabrosas tertulias, me dice un amigo campesino, “En mi casa cuando la cosa está más fea es cuando mejor se come; el otro día la vieja me dice, ¡se acabó la compañía, ya no hay carotas pa’ montar el guisao!, hay que matar una gallina”.

 

Este par de anécdotas; reales, ¡por si las moscas!, muestran dos realidades distintas, la primera refleja la tristeza de vivir en el campo y no criar ni una gallina o un gallo para que nos despierte, menos aún un aliño sembrado. La segunda es de un campesino que en su modesta vida, es próspero, pues no le falta una gallina, un marrano o una chiva que pueda solventar una situación apremiante.

 

Diversificar la producción es la clave para una vida un poco menos tortuosa en el campo. Dejemos la quejadera y démosle la vuelta al asunto. Debemos orientarnos en búsqueda de  obtener el mayor beneficio de los recursos con que contemos, suelo, agua, clima, ubicación geográfica o cualquier otro recurso de que dispongamos. Un pequeño predio puede albergar numerosas ideas o emprendimientos productivos, solo se requiere que bien usemos la cabeza. A veces no es la pobreza del bolsillo la que nos mata, sino, la pobreza en la “moturria”. [email protected]

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