“La unión de la industria con la agricultura no es condición del bienestar del artesano, sino, por el contrario, de su mayor opresión. Como está sujeto al lugar de residencia, se ve obligado a aceptar cualquier precio que se le ofrezca,…” (Vladimir Ilyich Lenin)
Consolidar nuestros cafetales, crecer organizadamente en cuanto  a extensiones cultivadas y variedades altamente productivas adecuadas a las condiciones edafoclimáticas de nuestras zonas cultivables, fortalecer a nuestros campesinos e incorporar sangre nueva a las actividades de cultivar café, acercar la tecnología al campesino, proporcionarle herramientas tecnológicas y científicas para mejorar sus capacidades, crear estímulos a la producción, a la preservación del ambiente, a la conservación del suelo, de la flora y la fauna en nuestros bosques cafetaleros. Estás son asuntos que deben ser incluidos en una real política cafetalera de Estado para consolidar la actividad productiva y posesionar a nuestros campesinos cómo empresarios de la actividad agrícola cafetalera.
Todas estas cerranias de los municipios cafetaleros del país que comprende los estados Trujillo, Portuguesa, Barinas, Yaracuy y Lara conforman un corredor de montañas altamente productivas de café, con condiciones edafoclimáticas especiales que le otorgan a estos montes altos niveles agronómicos para producir un mejor café en el ámbito internacional. Pero para ello debemos afianzar una estrategia de investigación científica hoy abandonada, a fin de producir y proporcionar las tecnologías necesarias que potencien la actividad productiva, con nuevas variedades de café adecuadas a nuestras condiciones ambientales, resistencia a enfermedades, nuevas metodologías de siembra que implique la recuperación de nuestros suelos agrícolas a través de técnicas agroecológicas y agrodinámicas que puedan potenciar de manera sustentable y sostenible nuestros espacios productivos.
Hasta ahora, la preocupación casi que absoluta de los organismos del Estado venezolano en materia cafetalera se reducen a la comercialización, potenciando nuevos grupos económicos y empresariales que avanzan hacia escollos de crecimiento vertiginoso. Si todos esos esfuerzo se dedicaran a potenciar y apoyar a nuestros pequeños y medianos campesinos cultivadores del árbol de cafeto, entonces nuestros campos serían prósperos, dinámicos y generadores de riquezas que consoliden la población campesina del sector cafetero.
Por el contrario seguimos viendo un campo deprimido, sin vialidad, sin servicios, sin financiamiento, sin insumos, sin protección al campesino, sin atención científico-técnica. Todo funciona a fuerza y razón del pulmón limpio de nuestros campesinos que sienten la actividad de sembrar y producir café como su vida misma. Apenas vemos amagues epilépticos y desorganizados de suministro de semillas en acciones desesperadas de aparente cobertura mediática, más que obedecer a un plan y a una política organizada de crecimiento y de fortalecimiento del sector.
Hay que retomar con seriedad la investigación científica, para ello hay que inyectar recursos con planes y proyectos concretos en nuestros institutos y universidades, para crear con ellos una amplia red científico-campesina capaz de dinamizar y hacer crecer no solo nuestra producción y productividad, si no también a nuestros campesinos cómo sujeto histórico de la actividad agrícola cafetalera.
De nuestra parte como campesinos, nos corresponde la organización, para ello estamos proponiendo y avanzando en la construcción de una estructura nacional que agrupe a todos los campesinos de los diversos rubros agrícolas, pecuarios y pesqueros de la patria.
Aquí les dejo el link https://forms.gle/JvVitFTFsdRXkwSh8 del censo de campesino para conformar los equipos promotores de INCA en todos los rincones de la Patria.
Un comentario en «El café como herramienta de crecimiento económico. Por: Toribio Azuaje»

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