El pasado sábado, Venezuela vivió un nuevo capítulo de su dinámica política con el proceso de postulación de candidatos a alcaldes y concejales en los 14 municipios de Portuguesa y en todo el país. El evento, enmarcado en las elecciones municipales del 27 de julio de 2025, demostró una vez más la vitalidad participativa de las bases del PSUV, aunque también dejó entrever tensiones propias de un sistema donde la competencia interna es intensa, pero no siempre transparente.
En Portuguesa, la consulta destacó por la masiva participación, con múltiples precandidatos compitiendo en cada municipio. Esto refleja un aspecto positivo: la apertura a que la militancia opine y proponga, más allá de imposiciones verticales. Como bien se ha dicho, aquí no se trata de «a quien le rinde más» en términos de lealtades cortoplacistas, sino de quién tiene la moral revolucionaria para representar al pueblo.
El gobernador Antonio Primitivo Cedeño ha mantenido un liderazgo reconocido, alineado con el proyecto bolivariano, y su influencia se nota en la disciplina partidista del estado. Sin embargo, el verdadero reto está en garantizar que los seleccionados no sean simples operadores políticos, sino cuadros con arraigo y capacidad de gestión.
El presidente Nicolás Maduro fue claro al advertir sobre los oportunistas que buscan cargos por interés personal. Pero, paradójicamente, el llamado parece haber agitado más que calmado las aguas. En varios municipios, se reportaron roces entre grupos que acusan favoritismos o manipulación de las postulaciones.
Si bien el proceso se desarrolló con normalidad general, persisten dudas sobre si la Dirección Nacional del PSUV y el GPPSB (Gran Polo Patriótico Simón Bolívar) impondrán criterios que desconozcan el sentir de las bases. Yo creo que debe hacerse, la democracia interna del partido debe ser más que un ritual: debe ser un mecanismo real de selección, sin padrinos ni amiguismos.
En municipios como Guanare, Araure, Turén o Páez, la competencia fue fuerte. La consigna es clara: «Calma pollo, que el agua está hirviendo». Pero la paciencia no debe confundirse con pasividad. Las comunidades esperan que los candidatos finales sean los más capaces, no los más conectados.
El legado de Chávez y el liderazgo de Maduro exigen coherencia. Si en Portuguesa ya se eligieron a los mejores en anteriores procesos (como en la AN y el CLEP), este debe ser otro ejemplo. Pero para ello, la dirección nacional debe evitar tentaciones de control excesivo y confiar en la militancia.
El PSUV tiene la oportunidad de demostrar que su método de consulta no es un teatro, sino un verdadero ejercicio de democracia socialista. Si los candidatos elegidos responden a las necesidades populares y no a cuotas de poder, el partido se fortalecerá. De lo contrario, el descontento podría reflejarse en abstenciones o fracturas internas.
La cena está servida, pero el menú final lo decidirá la dirección del partido. Ojalá primen la ética y la capacidad, porque, como bien dice el pueblo: «Aquí no valen padrinos, sino moral revolucionaria». El 27 de julio será el examen definitivo. Yo creo en Maduro, creo en Primitivo, creo en la democracia social.
Édgar Alexander Morales