«El pedir es provechoso, pero no es honroso: Porque la persona que pide tiene, generalmente, que humillarse» (Sabiduría Popular)
Abriendo el debate:
La exportación de café es un asunto desconocido para los caficultores, más aún para los pequeños y medianos productores. Sobre este tema se ha hablado mucho, pero nos encontramos con la cruda realidad que este no es una temática fácil de digerir y de entender en el sector primario de la cadena productiva conformada por quienes siembran el café. No existe una tradición de exportación en el mundo de la caficultura venezolana, ese tema siempre se lo hemos dejado a la agroindustria y son ellos los que le sacan el mayor beneficio a la cadena de valor de nuestro grano. El panorama es repetitivo. Nosotros con las botas rotas y ellos gozando de altísimos beneficios que se derivan de nuestro sudor.
Llegó el momento de abordar este tema con seriedad y como una política propia que involucre al sector primario de la producción de café. Para ello es necesario capacitarnos y aprender sobre el asunto. Desconocemos esta dinámica tan importante de la cadena de valor del café producido en nuestros campos y por nuestros campesinos. Es hacia allá donde debemos fijar nuestra mirada.
Una muy cercana realidad:
En los próximos dos años se estima que estarán en producción unos 10 millones de plantas recién sembradas por los caficultores en todos los rincones de la patria. Vale decir que esta siembra viene ocurriendo a pulmón limpio de nuestros caficultores, sin ningún apoyo ni direccionalidad del Estado venezolano. Esto ocurre por la inexistencia de una política de Estado en materia de café.
Cuando esto ocurra, se prevé una sobreproducción de café y allí seguramente los precios van a virar hacia el piso y nuestros campesinos podrían ir a la quiebra y se verán de nuevo tentados a abandonar la caficultura. Es necesario entonces poner nuestro empeño hacia la exportación de café tostado y molido como la opción para salir de la eterna trampa de la lucha por los precios del café verde.
Esta propuesta implica que si estimamos que somos unas 200 mil familias caficultoras y si destinamos el 20% de la producción para la exportación, considerando 15 quintales por familia productora, estaríamos hablando aproximadamente de unos 600 mil quintales que podrían ir al mercado internacional del café tostado y molido. Si a esto le agregamos que están regados por el mundo unos diez millones de venezolanos, producto de la situación país, ellos toman café y serían nuestro primer nicho de compra del café venezolano.
Para que esto ocurra, es necesario sensibilizar y capacitar a nuestros caficultores. Además, el Estado venezolano debe flexibilizar y facilitar todo este proceso para la exportación.
Cómo hacerlo:
Se debe establecer en los municipios cafetaleros del país oficinas técnicas profesionales y perfectamente equipados para recibir, certificar y dar la permisología del café que los caficultores pueden arrimar para la exportación, esto, desde un quintal en adelante. De allí, una vez certificado, debe ser dirigido a los puertos de exportación, ya sea aéreo o marítimo. La exportación no debe ser solo de la agroindustria, que seguramente está protegida por la burocracia corrupta del Estado, quienes siempre se han adueñado de este negocio.
UNACAFEV, como naciente organización de los caficultores, se plantea la caficultura de manera seria, considerando la organización, la investigación y la capacitación para construir de forma colectiva una política cafetalera para los nuevos tiempos. Más y mejor calidad de café y así conquistar el sitial que corresponde a la caficultura y a los campesinos que en Venezuela se dedican a cultivar café como un estilo y una forma de vida.

Deja tus comentarios...

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo