La democracia no es solo el acto de depositar un voto en una urna; es la culminación de un proceso de madurez institucional y ciudadana. Hoy, Venezuela se encuentra en una encrucijada donde el concepto de «elecciones libres» debe ser rescatado de la retórica vacía para convertirse en una hoja de ruta real hacia la convivencia. Pero, ¿qué significa realmente tener elecciones libres en nuestro contexto actual?

No puede haber un proceso electoral sano si los cimientos de la política están fracturados. La paz no nace del conflicto, sino de la reunificación de los partidos políticos. Es allí, en el reconocimiento interno de las fuerzas vivas del país, donde debe comenzar la calma. Una política de «puertas abiertas» y de diálogo sincero entre las bases es la única garantía de que los resultados electorales sean un reflejo de la voluntad popular y no de una pugna de élites.

Elecciones libres significan, necesariamente, el reconocimiento de nuestra arquitectura constitucional. Ignorar la autoridad del Consejo Nacional Electoral (CNE), del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), de la Asamblea Nacional y del Ejecutivo Nacional es apostar por el caos. La libertad de elegir requiere un marco de orden; sin instituciones respetadas, el sufragio pierde su brújula. La verdadera libertad política comienza cuando aceptamos las reglas de juego que nos hemos dado como República.

Un ejercicio de honestidad y paz

Para avanzar, debemos mirar hacia atrás con valentía. Unas elecciones genuinas requieren aceptar lo que hicimos mal en el pasado, desde todos los sectores. Esto implica erradicar la violencia como herramienta de presión y, sobre todo, condenar tajantemente cualquier llamado a la invasión extranjera. La soberanía no se negocia ni se entrega; los problemas de los venezolanos los resolvemos los venezolanos, sin tutelajes ni intervencionismos que solo alimentan el odio y la división.

El espíritu nacionalista debe estar por encima de la diatriba electoral. Reconocer que el Esequibo es nuestro no es un eslogan de campaña, es una verdad histórica que nos une a todos. En ese territorio, hoy tenemos una gobernación y una presencia que simbolizan nuestra integridad. Unas elecciones libres son aquellas donde el candidato y el elector coinciden en que la patria es sagrada y su geografía, irrenunciable.

Finalmente, el voto debe ser un acto de conciencia, libre de chantajes externos y presiones económicas (sanciones) que asfixian al ciudadano. La soberanía electoral es inseparable de la soberanía económica. Y tan importante como el cómo, es el cuándo: elecciones libres son aquellas que se realizan cuando toque, respetando los tiempos constitucionales y el cronograma que garantiza la estabilidad.

Es momento de entender que la paz es el fruto de la justicia y el reconocimiento mutuo. Venezuela merece una fiesta electoral donde el único ganador sea el futuro del país.

Édgar Alexánder Morales

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