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José Gregorio Palencia Colmenares.
Escritor, poeta, conferencista
y articulista de medios.

“HAY QUE HACER LAS COSAS ORDINARIAS, CON UN AMOR EXTRAORDINARIO.”
MADRE TERESA DE CALCUTA

He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande.
Antípatro de Sidón.

Antípatro de Sidón siglo II a. C. fue un poeta griego quien junto a otros se dedicaron a identificar las obras más bellas del mundo antiguo y las denominaron las siete maravillas.
El Templo de Artemisa o Artemision fue una de ellas. Un templo ubicado en la ciudad de Éfeso, Turquía, dedicado a la diosa Artemisa, denominada Diana por los romanos.

Eróstrato o Heróstrato fue un pastor de Éfeso, convertido en incendiario. Fue responsable de la destrucción del templo de Artemisa de Éfeso el 21 de julio del año 356 a. C. La confesión del propósito de su crimen le fue sacada bajo tortura. Según registra la historia, su único fin fue lograr fama a cualquier precio. Al descubrirse la intención del incendiario, se prohibió bajo pena de muerte el registro del nombre de este para las generaciones futuras, lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción.

Mis amables lectores, en un ejercicio radicalmente distinto a mi manera de escribir, hice esta copia y pega de las fuentes de internet, para ilustrar con un muy preciso ejemplo la conducta que en oportunidades opera en el ser humano, que en ocasiones parece no tener nada que ver “con ser humanos”.
En el tratar de hacer buena la práctica de humanidad, en lo cotidiano me empeño como individuo, en construir con el ejemplo desde las pequeñas cosas a lo mas significativo. Enfatizando con este ejercicio de “yoismo”, porque predico y practico, que desde el ser responsable en lo individual cambiamos lo colectivo.
Esta predica del día de hoy, esta referida a las grandes cosas, al valor y la necesidad de atesorarlas con mucho celo, aunque hoy por los desarrollos tecnológicos, algunas hallan perdido en mucho sus utilidades prácticas, por ejemplo, las bibliotecas.
Trate hoy usted, de convencer a su hijo o a su nieto de apartarlos de los equipos tecnológicos para que asista a la biblioteca a realizar una investigación.
Trate usted mi querido lector de ganarle con argumentos, cuando su nieto introduzca en su móvil, la palabra “Paralelepípedo” y encuentre 17.600 resultados en 0.55 segundos aun sin tecnología 5G.
Invítelos a realizar una de esas investigaciones que efectuamos cada uno de nosotros y donde nos educaban también en el valor de silencio, del respeto al compañero de al lado, donde el “Señor bibliotecario” era una fuente luminosa que nos guiaba en el camino maravilloso para ingresar al conocimiento de todas las cosas. Sobre todo, en los valores intrínsecos e intangibles para la vida, como el honor, la lealtad, el compromiso entre otras.
Según el Diccionario de la Real Academia define el honor como, cito: “Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas del que se las granjea”.
Allí esta el meollo de las cosas, aun perdiendo el sentido práctico, debemos atesorar con supremo amor esos monumentos del desarrollo de la humanidad, en cada una de las ciencias, historia, artes, cultura toda, representados en Archivos históricos, museos arqueológicos, museos de personalidades que conforman nuestro gentilicio y además, aunque parezcan obsoletas, las bibliotecas.
Este es un llamado a la conciencia, a la necesidad de dar importancia en su justa dimensión a lo que tiene real y justa importancia, permítanme el juego de palabras, de lo contrario, vamos a dejar constancia sin duda, de que valoramos más nuestro recuerdo deshumano en la historia, e igual que Eróstrato o Heróstrato el innombrable, prendamos fuego a esos recintos en el nuestro.

Recuerden que ser felices es gratis.
Paz y bien.

Nota:
Esta historia continuara.

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