Por Elizabeth Henríquez* / Opinión.

En estos momentos una cantidad importante de seres humanos padecen una crisis existencial, ética y moral que los lleva a perder el sentido de la vida y esto les crea un vacío interno, el cual, desafortunadamente no es sanado, al contrario, se está llenando con acciones deslumbrantes, efímeras y perniciosas.

Con asombro se observa la proliferación del fentanilo, droga que convierte al consumidor en un “zombi”, esta situación es muy dolorosa y paradójica, pues lamentablemente estas personas en un intento desesperado de llenar su vacío interno se causan tanto daño que para quienes observan los devastadores efectos, se abstienen de consumir. Con su muerte le dicen al mundo que este no es el camino.

Otro hecho que evidencia el camino decadente que transita el ser humano, es saber de la existencia de grupos minoritarios “activistas pedófilos” o “defensores de los derechos de los pedófilos” que trabajan para que la pedofilia sea reconocida como una preferencia sexual, imagínese tamaña aberración.

Ante estos hechos, la aplicación de la ley y la educación deben ser las vías para detener la propagación de estos actos que, sin duda alguna, atentan contra la construcción de una sociedad sana, solidaria y empática.

Es nuestro deber ciudadano exigir legislaciones duras e implacables contra los productores y traficantes de drogas. De igual forma, contra aquellos que intenten normalizar o practicar la pedofilia. Debemos exigir al Estado que implemente un sistema de prevención para salvaguardar la integridad y bienestar de la sociedad ante el consumo de drogas y prácticas pedófilas.

Como madres, padres, hermanos y amigos debemos impulsar que el valor a la dignidad de la vida sea el núcleo que forme individuos capaces de enfrentar los desafíos con fortaleza espiritual en lugar de recurrir a acciones que puedan perjudicar el bienestar y desarrollo, propio y del prójimo. El fortalecimiento de valores y la promoción de entornos seguros y confiables, construirán una sociedad que promueva la salud mental y emocional, garantizando un futuro más sano y promisorio para nosotros y las generaciones que están por venir.

*Profesora jubilada. Coordinadora general de Alternativa 1 en Barinas.

 

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