Una de las polémicas más apremiantes en estos años, ha sido el inmenso retroceso que se la ha dado a la educación pública y privada en el país. Sin duda, y sin ánimos de añoranzas, no hay comparación entre el nivel de educación y preparación profesional de hace unos años, en comparación con el que enfrentamos actualmente.
Declaraciones incluso de altos representantes de Universidades de renombre nacional, donde han expuesto que más del 90% de los bachilleres que llegan a ese nivel no saben leer coordinadamente, y menos aún tienen la preparación previa para asumir el compromiso de determinada carrera profesional elegida.
En el ámbito del Derecho, donde particularmente fui docente de Pre y Postgrado, viví de forma directa el deterioro en la formación y destreza que requiere el abogado.
La intención del sistema educativo impuesto contra esta profesión por parte del gobierno nacional, ha sido casi visceral para su destrucción desde sus inicios. Quizás porque es una de las profesiones donde se ejerce pensando como estableció Couture en su Decálogo.
Digo bien que viví esa transformación de la decadencia del estudio, ya que se articuló todo un esquema para la destrucción de la profesión a través de la masificación sin preparación de los futuros Abogados, al punto de que hoy día cualquiera tiene el título en tiempo récord de menos de tres años y sin ni siquiera haber estudiado el sistema de obligaciones o la estructura del Derecho Romano, materias estas inexistentes para los nuevos colegas.
El resultado no podía tener otra realidad; vemos que muchos de estos connacionales al haber obtenido el título, pues ni siquiera lo ejercen porque precisamente no tienen campo de trabajo en relación a su falta de preparación. Sin contar el gran número de enchufados o conectados al poder que han obtenido ese título bajo prebendas y corrupción sin ni siquiera haber ido a un salón de clases, solo para que les digan Doctor. De allí que no nos quejemos cuando él mismo TSJ abre Escuelas para tratar de medio preparar a sus Jueces, que a la postre tienen a la Justicia ya no ciega, sino mutilada de tanta estulticia.
Lo lamentable de esta crisis, es que ese método de la superpoblación profesional se trasladó a otras profesiones de respeto en el país como la Medicina, Ingeniería, Arquitectura, Docencia, Contaduría y Administración entre otras, cuyo resultado ha venido dando sus frutos con la misma y peligrosa situación de jóvenes coartados en sus esperanzas y con títulos revestidos de toga y birrete, pero vacíos del conocimiento necesario para emprender las metas trazadas.
Nuestras Universidades hoy día siguen agobiadas entre su politización y la falta de recursos. Desde el Alma Mater que apenas ya son ánimas en pena, aflora la necesidad de salir de las sombras y regresar al prístino sendero de la libertad del pensamiento y la universitas de la verdad.
Con mi comentario no trato de disminuir las capacidades tanto de estos colegas de la generación del chavismo, ni del resto de los profesionales que han decidido asumir responsablemente sus carreras; quizás esforzándose por ser mejores en un ambiente de mediocres; buscando su superación a niveles de otros estudios y considerando que siempre hay algo que estudiar. Un profesional dedicado, sabe que siempre debe estar en continuo estudio y constante desarrollo de su intelecto a través de la lectura; si usted es de esos, pues no se sienta aludido por lo aquí expuesto; caso contrario, haga su descargo defensivo contra la realidad social en la que vivimos.
Esta crisis de la inteligencia viene de la mano con la de los valores y la ética, estructuras que también el estamento político del gobierno ha venido destruyendo cada día a pasos significativos. Para este sistema político es más importante la connivencia y complicidad que una verdadera lealtad; de allí que vemos funcionarios corruptos a dos tablas, pero por ser predilectos en cuanto a mantenerse callados al cumplir órdenes e instrucciones así como repetir consignas y defender lo indefendible, pues sencillamente ese funcionario es el idóneo. No importa si intelectualmente está preparado o no para el cargo, sea de elección popular o de designación; porque ya lo de funcionarios “de carrera” solo quedó en la Ley; ya lo qué hay es carrera pero para ir a enriquecerse una vez obtenido el cargo. Y esa ha sido la triste realidad en este complejo marasmo político al que hemos estado sometidos durante estos últimos 15 años, ante un gobierno que prometió una Venezuela del futuro y nos está dejando un país de atraso y destrucción.
Un país que estuvo poblado de inmigrantes que vinieron a robustecer la cultura y desarrollo con el trabajo y esfuerzo de las familias, por un país de emigrantes que se marchan porque no hay trabajo, ni esfuerzo, ni esperanzas; y donde la familia ha quedado fragmentada o de alguna manera desarticulada por las rupturas de la separación de sus integrantes; esto muy poco le ha importado a nuestros gobernantes que pareciera que no ven la crisis ya que nada hacen por detenerla. Lo demás, ya ustedes mis lectores, saben el resto. Sanciones y olé.

Rafael García González. 07/10/23

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