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Entre La Cuarta y la Quinta | Primitivo Cedeño, el Cirujano Político

Entre la Cuarta y la Quinta | Edgar Alexander Morales

La reciente visita de la dirigencia nacional de Vente Venezuela a las ciudades de Guanare y Acarigua dejó un saldo numérico que, lejos de las estridencias de las redes sociales, invita a una revisión fría de las estructuras. Con una asistencia que apenas rozó las 202 personas en la capital y unas 200 adicionales en el cono norte, la aritmética política no miente: el despliegue se traduce en apenas 9 personas por cada estructura municipal, sumadas a las cúpulas partidistas presentes. Lo que se promocionó como un desborde popular terminó siendo un evento de cuadros, donde el peso de la convocatoria recayó en la burocracia interna de los 14 municipios, evidenciando que, fuera del núcleo dirigencial, el «fenómeno» aún no logra permear en las bases de un estado Portuguesa que se niega a caer en manos de gente poco creíble. En el estrado, el contraste de discursos reveló las fracturas tácticas que conviven en el seno del partido. Mientras Dignora Hernández desembarcó con una retórica punzante, cargada de esos matices de confrontación hacia quien disiente, Henry Alviárez optó por un tono más institucional, apelando a la reconciliación y al reconocimiento del otro. Sin embargo, el centro de gravedad fue la propia María —apodada por sus detractores internos como «María la del Barrio»—, quien en un giro inesperado pareció suplicar por una validación para la Gobernación, una aspiración que los propios visitantes nacionales se encargaron de enfriar: el mensaje entre líneas fue que su destino político está en Caracas, cerrando filas ante las pretensiones regionales que incomodan al centralismo de la organización. Más allá de la tarima, el ambiente tras bastidores mostró la atomización de una oposición que, tras la orfandad de liderazgo dejada por la muerte del colega Iván Colmenares, parece deambular entre rodilleras y exclusiones. Mientras figuras como Gualberto Mora (Causa R), ABP y Convergencia mostraron una sumisión absoluta ante “la líder”, otros sectores exigían primarias sin la sombra de Súmate, temiendo un desastre organizativo. El sectarismo también hizo acto de presencia: desde el saludo selectivo de Mara Rodríguez hasta el veto a figuras como Edgar Miranda y la exclusión de partidos como UPP89, UNT o los llamados «Alacranes». Al final, la agenda sigue anclada en lo electoral y en la búsqueda de culpables, dejando un vacío absoluto de propuestas para los problemas que realmente importan al  portugueseño.

El tablero interno: Primitivo y las señales de humo

En la otra acera, dentro del PSUV y el Gran Polo Patriótico, el panorama está en calma. Primitivo Cedeño proyecta un control parttidista absoluto. El gobernador ha blindado su estructura en los 14 municipios, apalancándose en una gestión que —hay que reconocerlo— se siente en la calle, pero que políticamente se dedica a blindar la línea de la presidencia encargada. Su discurso es un ecosistema de lealtades: el Esequibo, el respaldo irrestricto a Maduro y a Cilia, y una vigilancia constante sobre las «corrientes» internas. Cedeño ha demostrado ser un cirujano político; se ha encargado de neutralizar, a pulso y sin anestesia, a todo aquel que intentara buscarle la caída, dejando a los disidentes del proceso en un limbo de irrelevancia que, aunque les duela, es su realidad actual. Sin embargo, en política los silencios y las metáforas suelen ser más ruidosos que los mítines. Ha llamado poderosamente la atención la actividad en redes del exgobernador Reinaldo Castañeda, quien soltó dos perlas en su estado de WhatsApp: «Portuguesa será libre» y «Estamos cerca». Las interpretaciones son tan variopintas que invitan a especular. Podríamos ser ingenuos y pensar que Castañeda celebra que el estado quedará libre de fiebre aftosa gracias a las jornadas del INSAI, o que su optimismo se debe a que el Portuguesa FC está por bordar su sexta estrella en el escudo. Pero, como diría el famoso meme: «No lo sé Rick, parece falso». En un río tan revuelto como el de la política llanera, esos mensajes huelen más a una reactivación de no sé qué cosas…. que a simple entusiasmo ganadero o deportivo.

Considero que la solicitud planteada por el MSc. Carlos Mendoza es sumamente pertinente y oportuna, pues pone sobre la mesa una reivindicación justa sobre el reconocimiento a la trayectoria y el nivel académico que no debe caducar con el retiro laboral. Es de aplaudir el tono institucional y respetuoso de la misiva enviada ayer por RRSS a la presidenta encargada, el cual fortalece la legitimidad del reclamo; no obstante, para que esta iniciativa mantenga su fuerza y logre su objetivo de justicia social, es fundamental velar porque el tema se mantenga estrictamente en el ámbito de los derechos laborales y profesionales, evitando a toda costa que se partidice o se desvíe hacia intereses políticos que puedan empañar la esencia técnica y humana de la petición.

La iniciativa impulsada por el Pastor Jairo Díaz y la Iglesia Cuadrangular de Acarigua es una bocanada de aire fresco para nuestra comunidad, ya que apuesta por el humor sano y la fe como herramientas de bienestar emocional. El evento «Amor, Fe y Carcajadas», con la participación de Mayel del Castillo, trasciende lo puramente recreativo para convertirse en un espacio necesario de encuentro y reflexión familiar. Es sumamente valioso que se generen estas plataformas donde la risa y el mensaje positivo se unen para fortalecer el tejido social de Acarigua y Araure, recordándonos que el optimismo y la espiritualidad son pilares fundamentales para afrontar los retos cotidianos con una energía renovada. La cita es el sábado 16 de Mayo, salón Villa Europa.

Es fascinante ser testigo de cómo Araure ha dejado de ser aquel pueblo pausado para erigirse hoy como una metrópolis pujante y un referente de gestión pública a nivel nacional. Esta transformación, que inició con la visión estratégica de Primitivo Cedeño, ha encontrado una continuidad brillante y sensible bajo la conducción de la profesora María Celeste Rodríguez, cuya labor incansable ha consolidado la modernización del municipio. Sin embargo, es de justicia reconocer que este éxito se potencia gracias a la diligencia incondicional de la licenciada María Gabriela Gil; su entrega ha sido tal que los araureños la han adoptado como su más ferviente protectora, garantizando que el crecimiento vaya de la mano con el bienestar social. Como alguien nacido en la ciudad hermana de Acarigua, no puedo más que admirar —sin mezquindad alguna— la explosión de inversión, productividad y servicios de calidad que hoy definen a Araure, demostrando que con voluntad política y compromiso humano, una localidad puede transformarse en un epicentro de oportunidades que enamora a propios y extraños.

Resulta evidente que la oposición en Turén atraviesa una crisis de identidad y propósito que la ha reducido a un eco vacío en las redes sociales. Mientras el municipio padece la agonía de los apagones, quienes pretenden liderar el cambio parecen haber confundido el activismo político con la simple queja digital, demostrando una incapacidad alarmante para ofrecer soluciones tangibles o campañas de concienciación, como el ahorro energético, que alivien la carga del ciudadano. Esta desconexión no es casualidad; es el resultado de una dirigencia que, encerrada en sus propias disputas internas y señalada de ser un «reciclaje» de viejas prácticas, ha perdido la autoridad moral para movilizar a un pueblo que ya no cree en convocatorias estériles ni en líderes de pantalla que no se ensucian los zapatos en la calle. La soledad de las plazas en cada convocatoria es el termómetro más preciso de una estafa política: la gente en Turén no es apática, simplemente está cansada de ser utilizada por estructuras que funcionan como clubes de compadrazgo en lugar de maquinarias de transformación. Es incomprensible que, ante la tragedia cotidiana de comerciantes perdiendo su sustento y niños sin descanso, la respuesta opositora sea el silencio propositivo y el ruido mediático innecesario. Turén no se merece esa clase política que se apagó mucho antes que el servicio eléctrico.

Es sumamente positivo y digno de aplaudir el despliegue de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en puntos neurálgicos como el centro de Acarigua y la avenida Circunvalación Sur. La presencia policial no debe verse como un acto de intimidación, sino como la garantía necesaria para restablecer el orden en una ciudad que crece a pasos agigantados. Como ciudadano que ama esta tierra, celebro que se retome la autoridad en las calles, pues el respeto a las normas de tránsito es la base de la convivencia civilizada. Ver funcionarios activos en las esquinas envía un mensaje claro: Acarigua no es territorio sin ley y todos, sin excepción, debemos ajustarnos al marco del derecho y el respeto mutuo.

Sin embargo, para que este esfuerzo sea integral, la ley debe aplicarse con la misma firmeza para todos. Es una queja pública, con espíritu constructivo, ver cómo en la Avenida Libertador impera el caos: conductores que se estacionan como les place, vehículos que ignoran la luz roja o invaden el rayado peatonal, y motorizados que parecen imponer su propia ley ante la mirada de todos. En este sentido, invito con mucho respeto a la PNB a dialogar incluso con las autoridades eclesiásticas de la zona; es necesario que los feligreses comprendan que la fe no exime del cumplimiento de las normas de tránsito. Estacionar frente a la Iglesia o la Plaza Bolívar de forma indebida no es decoroso ni legal. No escribe estas líneas alguien con mala intención, sino un acarigueño que desea ver su ciudad ordenada y pujante, convencido de que es justo y necesario que todos pongamos de nuestra parte para que el orden sea la regla y no la excepción. Nos leemos el jueves….

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