En nuestro país es más común y frecuente comentar y realizar acusaciones de corrupción exclusivamente en el ámbito de la administración pública, ya que muchos creen que este flagelo social solo ocurre allí. Muy poco o nada se dice de la corrupción en el ámbito privado o en el familiar, sin dejar de mencionar aquella que ha venido permeando los diferentes estratos de nuestra sociedad. En tal sentido, podemos señalar que la corrupción no es solo el uso indebido del poder, el mal sentido de la autoridad en el ámbito de los recursos públicos para obtener ventajas personales, beneficios para terceros o para el propio entorno político o familiar —sin importar la violación de las normas legales y éticas—, sino que va mucho más allá.
También existe en nuestra sociedad lo que podemos llamar la corrupción familiar. Esta se describe como aquella que surge del abuso de una posición de poder o autoridad dentro de la familia cuando se rompen las normas de convivencia, la confianza y, principalmente, la honestidad del núcleo familiar. Se manifiesta con hechos tales como beneficiar a un hijo sobre otro con recursos, permisos o regalos por preferencias personales, ignorando el esfuerzo o el mérito de los demás; o cuando se ofrecen premios o dinero a los hijos para que oculten un secreto, mientan a otros familiares o realicen tareas básicas de convivencia. Asimismo, ocurre cuando se utiliza el dinero destinado a los gastos esenciales del hogar —como la comida, los servicios, la salud y la educación— para vicios, ingesta de licor, lujos o deudas particulares sin el consentimiento familiar; o cuando no se corrige y atiende debidamente la conducta impropia de algún miembro, como el hurto, la mentira y el soborno dentro del entorno familiar. Aunque estas faltas puedan parecer menores en apariencia, van marcando conductas que en el futuro pueden reflejarse ante la sociedad como males mayores.
Tampoco podemos dejar de señalar la corrupción en el ámbito social privado y en espacios comunes. Esta deviene, entre otros factores, cuando se paga o recibe dinero o regalos a escondidas para asegurar un contrato de un proveedor o ganar un cliente; cuando se falsifican documentos para engañar a un inversionista, a un socio o a una institución; o cuando se utilizan fondos, materiales, bases de datos y escritos de terceros sin su consentimiento para uso propio o beneficio de otros. De igual forma, se presenta cuando se contrata o promueve a familiares o amigos en puestos clave de una empresa, ignorando el mérito, la capacidad y los procesos de selección internos, o cuando no respetamos, de manera individual o grupal, los reglamentos, normas y estatutos sociales en detrimento de los derechos de la totalidad de las personas. Todo ello socava los principios de convivencia que deben prevalecer en beneficio de quienes conforman la sociedad.
En fin, lo aquí descrito nos aporta material para la reflexión respecto a lo que realmente significa la corrupción en Venezuela, que no es exclusivo de la administración pública, y que nos permite comprender mejor el mal que nos afecta. Los fatales efectos de la corrupción en sus diferentes aristas que han debilitado la democracia, puesto que fracturaron el estado de derecho; han afectado la economía al desviar fondos del sistema educativo y de salud hacia los bolsillos de unos pocos; han incrementado la desigualdad, ya que perjudican principalmente a las personas de bajos recursos, quienes dependen más de los servicios del Estado; y, por lo demás, han facilitado el establecimiento de otros delitos, tales como la delincuencia organizada y el lavado de activos, gracias a la complicidad de autoridades. Por lo tanto, no es solo la corrupción de las instituciones públicas; es también la corrupción en los diferentes espacios sociales y, peor aún, en el seno familiar. Esto deja una estela que, como bien señala Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz): “La corrupción destruye el alma de una nación; debilita las instituciones y la confianza de los ciudadanos”. Es una realidad que debemos combatir en todas sus vertientes, pero principalmente desde el hogar y en los espacios comunes de la sociedad.
Prof. Miguel Ángel Henríquez Marcano
@profesorMAHM
Profesor Titular Jubilado de la UNELLEZ

