La principal lección del 21N es la conjunción de los esfuerzos de un
líder convertido en la voz de su pueblo, en su instrumento para castigar al régimen que ha destruido el aparato productivo y como bien dice, el lamento de Laureano Márquez, ha destruido el alma nacional, esa vitalidad que se nos
ha ido evaporando por las carreteras hacia las fronteras en busca de mejores oportunidades, más de seis millones de venezolanos, casi el 20 por ciento de nuestra población, el éxodo más masivo de la historia del planeta.


Cuatro veteranos dirigentes se convirtieron en la fuerza de la esperanza de Portuguesa, construyendo victorias después de transitar el desierto. Muchos
decimos con preocupación, por la generación de relevo, que los viejos están mandando. Pero la presencia de la juventud en esas campañas, fueron detonante fundamental para el cambio, Gráficas, videos y testimonios presenciales, nos mostraron una enorme cantidad de jóvenes que vieron en Valmore Betancourt, Jóbito Villegas, Oswaldo Zerpa y Carlos Barrios, a los
que no solamente tendrán que hacer de tripas, corazón para estar a la altura del reto que se impusieron, sino que tendrán que demostrar a pesar de las restricciones, mezquindades y sectarismos, que sí pueden gobernar para colocar a sus municipios en la ruta del desarrollo y del bienestar colectivo.


Valmore Betancourt se fajó a reconstruir ese nido de afectos y
solidaridades, desde hace más de 20 años. Descubrió el poder de la radio no desde una cabina, sino como caja de resonancia de los problemas y las
angustias de su Guanarito. Comenzó a recorrer el estado y siempre cumplió con quienes guardaban el grato recuerdo de una gestión eficiente después que hicieron de la Alcaldía, un antro de corrupción e incapacidad. Le decía que
cuando se ganara el gobierno, sería un buen director del Hospital Miguel Oraá, porque pasaba por allá a descubrir a algún guanariteño, que necesitara de su mano solidaria. Y tejió ese triunfo entre colas, motos, radio, polvos, barriales, esta arrolladora lección que se impuso ante un régimen que se gastó 540 mil dólares para impedir su retorno y una MUD que se prestó al capricho de vender una tarjeta para complacer egos. Ahí está pues Valmore de regreso.

Guanarito está en buenas manos. Con seis concejales que ojalá se conviertan en las herramientas fundamentales de ese cambio urgente para bien.
Jóbito es de la misma escuela. A pie, a caballo, en moto, en carro,
anduvo los caminos del municipio que dejó saludable, en progreso y camino a la excelencia. Incansable, íntegro, valiente, no perdió tiempo en debates impertinentes y como bien decía Carlos Andrés Pérez que cuando el líder sabía cuál era el camino, hasta solo lo recorrería para conquistar la meta. Organizó un verdadero ejército de compromiso, afecto y solidaridad, fe en el
municipio y en el cambio y en el baquiano que lo conducirá nuevamente a niveles de beneficio para la familia, el caficultor y el estado. Carlos Barrios nunca se ha separado de su municipio, ni de los suyos. Su emisora como su dueño, profundamente democrática le dio cabida y respaldó todos los procesos y caminos usados constitucionalmente. Su voz era
la voz de Ospino y nunca los dejó solos. El pueblo insistió en su participación y su campaña fue impresionante, llena de pueblo y de admiración y respeto. Como lo dijo en su discurso de toma de posesión, es un hermano que la vida
me regaló y mucho tengo que agradecerle a esa amistad y esa unidad. Oswaldo Zerpa era alcalde oficialista. Se rebeló contra las políticas que asfixiaban a la agricultura y a los suyos, los caficultores, porque es uno de
ellos. Un programa de radio y una conducta frontal, con su humildad
característica, lo hicieron engranarse con el pueblo que lo volvió a hacer
alcalde contra el régimen y la MUD, a pesar de que allí había comenzado un proceso de integración exclusivamente undista que fue dinamitado por alguna
dirigencia regional, como por los discursos exacerbados de los que aún se creen desde Caracas, dueños de la voluntad nacional, esos mismos que hicieron perder a Leidy Gómez y a Henry Falcón, para citar dos nada más. Esos cuatro jinetes de la constancia son hoy, nuestra referencia y nuestro futuro. Unos como aeropuerto para que despeguen nuevos gladiadores
como ellos. Otros, destinados a futuros retos. Los cuatro a cumplir la palabra empeñada. Además de nuestra admiración y respeto, de nuestro profundo
agradecimiento porque volvimos a saborear victorias, aunque sean ajenas, pero que sentimos como nuestra, tenemos la gigantesca tarea de acompañarlos en su empeño por los habitantes de su municipio y de su estado.

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