En las negociaciones que se han venido adelantando entre Estados Unidos y Venezuela están en juego dos variables o esferas distintas, cada una con su especificidad y dinámica propia. Una de ellas es la de los hidrocarburos, el gas, el petróleo, que expresa la necesidad de suministros para el mercado occidental creada por la guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia.

La otra esfera, que antecede a la confrontación bélica en Europa, corresponde a la lucha por el poder político sobre el Estado venezolano, dado el interés de Washington en reinsertar a Venezuela plenamente en su órbita o zona de influencia, más allá de los acuerdos petroleros, que siempre existieron y que solo dejaron de existir cuando la administración Trump decidió que la empresas petroleras estadounidenses salieran de Venezuela.
Recordemos que Venezuela se había separado del dispositivo de Estados Unidos en lo político y en la subordinación militar, pero nunca rompió los lazos petroleros.
INTERESES
En relación a la esfera de los hidrocarburos, los intereses de Venezuela y Estados Unidos tienden a ser convergentes. En lo referente al control sobre el Estado venezolano, los intereses son contrarios, divergentes, puesto que a Venezuela le corresponde ubicarse en la perspectiva de la igualdad soberana, mientras que Estados Unidos se atribuye una condición de “liderazgo”, excepcionalismo y tutela. Cada quien tira las riendas en direcciones opuestas, porque los intereses son diferentes.
PETRÓLEO Y GAS
Hace poco, una información de Reuters indicaba que el gobierno de Biden había otorgado una licencia a Trinidad y Tobago para desarrollar un importante yacimiento de gas ubicado en aguas territoriales venezolanas.
La licencia de EEUU “significa que la nación insular del Caribe podrá reanudar los negocios con la petrolera estatal venezolana Pdvsa, fuertemente sancionada, en relación con el campo de gas Dragón”, indica el reporte.
Al concretarse el proyecto binacional se podría tener acceso a reservas de 4,2 billones de pies cúbicos en el campo Dragón del lado venezolano. La actividades para la explotación de este gas se habían paralizaron en febrero de 2019.
Con anterioridad a esta licencia para el gas, la Casa Blanca había autorizado a Chevron para producir, procesar y exportar crudo venezolano. Ya Chevron ha enviado 500.000 barriles de Petropiar y 240.000 barriles de Petroboscán.
DANDO Y DANDO
Estos acuerdos petroleros son del interés de los dos países. A Venezuela le conviene porque obtiene mayores ingresos, recibe diluyentes y porque se genera un clima económico más favorable, con menos temor a sanciones de los inversionistas de otras áreas.
A Estados Unidos le interesa porque logra poner a su disposición las grandes reservas de petróleo y gas de Venezuela, cercanas a sus puertos y refinerías, independientemente de que en lo inmediato sea poca la producción, ya que se estima que el enfrentamiento con Rusia es de largo plazo.

Venezuela gana y Estados Unidos también, en un dando y dando, sin que los compromisos de esta esfera en particular estén atados a otras consideraciones.
SANCIONES
Los acuerdos del dando y dando no representan un alivio de las sanciones a Pdvsa, que continúa sancionada, sin acceso a financiación ni a sus cuentas bancarias, sin control de su refinería Citgo, con prohibición de exportar su petróleo y de contratar buques de carga o importar maquinaria o insumos. Lo mismo sucede con los fondos bloqueados en el exterior, desde los depósitos del Banco Central de Venezuela, que pasaron al Tesoro de EEUU, hasta el oro del Banco de Inglaterra.
DIVERGENTES
Los fondos retenidos y las sanciones son distintos del interés convergente del petróleo. Se trata de instrumentos de una disputa específica, que opone el esfuerzo por reinsertar a Venezuela en el dispositivo geopolítico estadounidenses y la resistencia a que esto tenga lugar.
Para este fin, Washington requiere de un cambio de gobierno que, esta vez, se busca por medio de elecciones y no a través de un pronunciamiento militar, que falló con Trump. Y para que en las elecciones presidenciales se produzca un cambio de gobierno, se requiere que la situación económica no mejore o, en todo caso, “algo, pero no tanto”. Esto explica la velocidad de morrocoy en la liberación de los 3.000 millones de dólares acordada en México. No olvidemos que hay un interés particular en el petróleo, pero para las relaciones de poder no hay mayor contemplación. Cada esfera, cada interés, en su lugar.

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