La necesidad tiene cara de perro reza el refrán criollo y por ello apelo, a Winston Churchill, citado por Teodoro Petkoff, cuando en medio de la amenaza nazi, iba al Parlamento a renunciar, pero escuchó el consejo del Rey Jorge, el mismo que el estadista británico le había dado cuando iniciaba su mandato, de escuchar al pueblo. Se bajó de su carro. Se metió en el Metro de Londres y conversó con varios pasajeros que le conminaron a no rendirse. Esta historia la pueden recrear en la película “Las Horas más Oscuras”.

Portuguesa atraviesa una hora triste, menguada. El PSUV tiene al peor candidato que haya presentado. Pareciera que se hubiesen ensañado contra la dirigencia de la tolda oficialista y con el pueblo de Portuguesa. No basta con tapar huecos, colocar bombillos, poner transformadores y menear el fundillo en los actos proselitistas, para paliar la grave crisis que vive la región, ante el enorme desprecio e incapacidad de los gerentes maduristas. Un tipo que en la precampaña se gastó seis mil dólares diarios y ahora, con 20 autobuses rojos y unos 200 militantes, a los que carga pa´arriba y pa´bajo, a los que tiene que darle desayuno, almuerzo y cena, además de prebendas y amenazas. Los gastos de la jornada deben haberse duplicado al menos, sin contar la ostentosa campaña de vallas, pendones, volantes, franelas multicolores, gorras, cuñas de radio, televisión, redes sociales, mientras los hospitales están a la buena de Dios, la bolsa de comida llega cada tres meses, con más chantaje que productos y el combo proteico no se ve ni en propaganda. Un candidato que pone transformadores, bombas de agua, trae a la Billo´s, cuyos costos no salen de su bolsillo, sino del erario público, para no meternos en honduras. Juan Ramón Guzmán, intento de ideólogo, dice que ese espectáculo de mover las caderas “es un plan despolitizador evidente” justificando que “este es un pueblo cruelmente castigado por una guerra”. Claro poeta, la de los bandidos que acabaron con el aparato productivo del país, incluyendo la primera empresa petrolera del mundo, robándose el dinero de todos.

Frente a ese panorama desolador de tener como gobernador a un personaje que no le tiembla el pulso para nada, y cuando decimos para nada, es que no tiene límites, hay que actuar con audacia, sin personalismos y como lo reclama la urgencia histórica venezolana y peor para nosotros, en Portuguesa. Hoy vence el plazo de sustituciones y acuerdos, antes del 21N, día de megaelecciones, que servirán para definir una hoja de ruta contundente que nos lleve a tres salidas políticas que se manejan en los escenarios mundiales: el referendo revocatorio, constituyente o elecciones presidenciales y parlamentarias. Si se ganan unas diez gobernaciones y muchas alcaldías, otro gallo va a cantar para el 2022, claro si atendemos el alerta del expresidente argentino Mauricio Macri, señalando a tres responsables de la crisis sin solución que vive el país y que mi tío Daniel Betancourt, atinadamente, resumiera en un dicho popular, es que todos los curas quieren ser Papa, para que los caminos escogidos sean producto del consenso y no de cùpulas.

Creo que Antonia Muñoz, María Beatriz Martínez y José Ruiz Parra, tienen una gran responsabilidad en sus manos. Impedir que el circo, la corrupción y el desenfreno sigan reinando en Portuguesa, sin la mínima vergüenza. Y con ello, ganamos la Gobernación y sumamos más alcaldías que las que ya dan por perdidas, las cuentas y encuestas rojas. Esta película de terror que se avecina para nuestro estado, que no nos merecemos, se retrata en cada rostro de la mujer y del hombre que habita esta tierra de gracia desolada por la incompetencia y el bandidaje, en cada cifra de pobreza extrema, en cada llamado desesperado para ayudar a una familia a adquirir los costosos medicamentos del Covid, en cada escuela destruida, en cada centro de salud abandonado, en cada calle de nuestros pueblos.
Y eso hay que detenerlo. Por eso es necesario el gran encuentro, la grandeza de los seres humanos, por encima de los egos. Si derrotamos a la tragedia roja, se abre un abanico de oportunidades para el progreso y el bienestar de cada familia y para la política decente, competitiva, con la brújula de la Constitución Nacional, a la que sólo hay que eliminarle la reelección indefinida que causa los males de cualquier república.

No escurramos el bulto con peyorativos o sofismas. Siéntense a hacer un pacto por Portuguesa y de aquí, por el país, porque si Portuguesa cambia, Venezuela cambia. 

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