Las decisiones que se han venido tomando en Venezuela desde los sucesos arbitrarios del
pasado mes de enero, han marcado una nueva etapa de mucha controversia política, incluso
a lo interno del oficialismo. Decisiones complejas para entender pero que han sido
necesarias para mantener la institucionalidad del país, la gobernabilidad y sobre todo la paz
social, elementos que por cierto están por encima de toda pugna ideológica y lucha
partidista.
Así pues, ciertamente desde la asunción de Delcy Rodríguez a la presidencia de la
República se vive una etapa que tal vez sea inédita para los revolucionarios, pero nueva y al
parecer positiva para el país en pleno. La historia en los siglos pasados muestra en tiempo
y espacio, con condiciones y situaciones políticas particulares, las decisiones que los líderes
de gobiernos han tenido que asumir ante acontecimientos trascendentales que cambian la
dinámica del Gobierno, del Estado y de la Nación, pero que por difícil e inconveniente que
pudieron ser para una fracción o línea política, han debido tomarse por el interés supremo
de la nación (Miranda, Bolívar, Páez y otros gobiernos del siglo XX).
De esta manera, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, dentro de esas decisiones ha
mostrado sobradas condiciones para asumir el momento histórico en ese esquema de interés
supremo de la Nación. Su accionar ante el Ejecutivo Nacional señala cambios positivos
orientados hacia una estabilización técnicamente económica viable que el país clama a
gritos. Su accionar político e institucional ya tiene efectos indiscutibles a lo interno del país
y a lo externo con una apertura diplomática y comercial importante para la economía, no
solo de Venezuela, sino también de la región.
Ya pasados los primeros cien días de gobierno se tiene claro que las decisiones son
pragmáticas y apegadas a la demanda real de las condiciones sociales y económicas del país
y de los parámetros y exigencias e incluso imposiciones mundiales, pero con el firme
propósito de mejorar las condiciones políticas y socioeconómicas de Venezuela. En este
orden de ideas, se identifican tres pilares fundamentales donde el cambio de liderazgo ya
está rindiendo frutos iniciales: 1)- Apertura al diálogo internacional y relaciones
comerciales, 2)- Modernización del marco legal en áreas claves para la economía, 3)-
Cambios en las instituciones claves para gobernar de acuerdo a lo planteado. Acá falta por
verse, y seguramente se podrá observar en los próximos días, decisiones concretas en temas
como salario, gasolina, servicios públicos básicos, el desempleo y de la vivienda y la
reconfiguración de programas sociales y nuevas formas de participación ciudadana con
rigurosos controles por parte del Estado y de la misma ciudadanía.
El relevo institucional y la búsqueda de rostros nuevos pero con perfiles especializados por
área, tiene que marcar la diferencia en esta nueva etapa del poder político en Venezuela,
sobre todo en áreas claves para lo económico y social y para un punto que ha sido
sumamente importante como lo es la soberanía alimentaria y todos los procesos y acciones
que ella involucra. El gabinete económico necesita de una oxigenación inmediata plena.
Acá no es solo el tema de un ministro particular, sino que este entienda el momento que se
vive y tenga la capacidad para hacerse del mejor equipo humano y técnicamente calificado
para sacar a puerto seguro el área que le toque dirigir, designando equipo nacional y
estadales con alto compromiso social.
El consenso nacional y el llamado a todos los sectores de la vida nacional debe realizarse
sin traumas ni complejos de ningún tipo, para poder la estabilidad política, ante esta
coyuntura que ahora tiene como fin exclusivo lo social, dejando lo ideológico en un
segundo plano, no queriendo decir esto que sea menos importante, pero el momento crucial
que marca la ruta en el país es social y económico. En eso debemos estar centrados todos
los venezolanos aportando desde donde nos sea posible, y el gobierno de la Dra. Delcy
Rodríguez y de quienes le acompañan y le han dado su confianza, debe ser como una
esponja que absorba y capitalice todos esos aportes positivos vengan de donde vengan.
Finalmente, el mensaje es entender y aprovechar el momento histórico para el bien
nacional. Sectores económicos y productivos, gremios profesionales, intelectuales,
profesionales y técnicos, defensores de DDHH, actores sociales locales y comunitarios,
partidos políticos, analistas políticos y económicos, en fin cada venezolano debe detenerse
a interpretar lo que está sucediendo en Venezuela y accionar en función de ello. Por su
puesto, el Gobierno nacional ha demostrado que es posible pasar de la retórica de la
confrontación a una gestión de crisis basada en el realismo económico. Todo este tema
desarrollado desde la perspectiva del poder nacional. Ahora falta que algunos gobiernos
regionales y municipales pongan en práctica esas líneas nacionales renovando las
instituciones y haciendo los cambios que saben que tienen que hacer, terminando de
alinearse perfectamente para que el avance sea rápido, eficaz y efectivo en función del bien
del país en lo social y económico, pero que a la final eso tendrá sus altos efectos positivos
en, lo que el pragmatismo ha dejado hoy en segundo plano, lo político.
Por: Soc. Armando Allen M.

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