“Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos”

Albert Einstein.

Físico 1879/1955.

 

Hoy voy a iniciar esta reflexión, haciendo un ejercicio literario sobre una situación expuestas por los teólogos, para tratar de hacernos comprender el origen de nuestra existencia.

Algunas corrientes dentro de la religión que profesan sus creencias en el libro sagrado de la biblia, opinan que, en su Génesis, Dios conversaba “Person to person” con el recién creado primer habitante del paraíso, el señor Adán. Luego de leer un poco los escritos referidos a esas conversaciones iniciales, me atrevo a inferir un coloquio en este tenor:

– No te he hecho divino, pero tampoco un animal, de ti depende ascender hasta aproximarte a los ángeles o descender hasta revolcarte entre las bestias”.

Con esta imaginaria expresión quiero seguir insistiendo que, hasta Dios, intuía que el hombre con sus acciones, sería el principal problema de la humanidad, que, a decir del Papa Juan Pablo Segundo, hoy santo de la iglesia católica, está arraigado en su corazón, porque es susceptible a dejarse engañar, frase que a mi parecer es muy indulgente de su parte, ya que mi opinión es, que el hombre es proclive en conciencia a mentir y traicionar.

Según este lapidario criterio, el asunto se complica cuando conocemos que hay quienes afirman que el hombre es la medida de todas las cosas o que el hombre es el centro de la humanidad.

Si tomamos como concepto que la persona es parte de la sociedad y esta no es un elemento físico, si no un ser que pertenece a un orden moral, me pregunto, cómo podríamos sanar a un cuerpo que en este momento se encuentra sumergido en una profunda crisis en todos sus ámbitos, generando elevados niveles de incertidumbre, que por naturaleza es intrínseca él y por tanto condenados a la destrucción de nosotros mismos.

Cuando nos levantamos todas las mañanas en este convulsionado mundo, somos testigos excepcionales, de múltiples situaciones que nos llevan a escenarios de que, estas en cualquier momento se salen de control, pero a la vez observamos con horror de que están revestidas de un proceso esclerótico donde se debaten soluciones posibles que por su propia naturaleza y las características de sus protagonistas tienen un sentido de inutilidad.

Aunque aparentemente lejanos, debemos tener conciencia de que el mundo en su totalidad, hoy es el nuevo espacio para la acción de todos los talentos humanos. La necesidad de buscar la verdad cualquiera que esta sea, y solo lo podremos ver, si miramos con detalles cada situación que se nos presente, hasta conseguir la verdad de lo falso.

Tenemos como ciudadanos de este nuevo y único espacio común que fijar detenidamente nuestras miradas en la historia de la humanidad, en ella vamos a conseguir las respuestas para salir de este estado de desconocimiento, que es un catalizador del miedo. Es por esa razón el título de este artículo, debemos encontrar las respuestas que nos inquietan, encontrando respuestas desaparecen las preguntas acuciantes.

“EL GIRO” es una obra nada extensa, escrita por Stephen Greenblatt, que narra las peripecias de un apasionado por la cultura, el conocimiento, Poggio Braciolini, que en una época donde se avizoraba una nueva humanidad, por tanto, se dedicó a buscar los conocimientos generados en la antigüedad, hasta dar con “DE RERUM NATURA” de Lucrecio, que estuvo olvidada y que por el redescubrimiento de Greenblatt, podemos entender a los renacentistas.

En conclusión, el mundo actual, la humanidad toda está conformada por una sociedad dividida en dos partes, una mayoría sometida por una variopinta casta de tiranos, los cuales son una minoría. Estamos en manos de unas seiscientas personas, quienes no dan la cara, son solo firmas con figuras jurídicas que lo dominan todo, comercio, banca, finanzas, transporte, telecomunicaciones, medios de comunicación, medios de producción, entre muchos otros y como corolario la inteligencia artificial. Esa minoría es una sociedad al estilo de Cesar Borgia, son desalmados, inescrupulosos y manipuladores para lograr sus propósitos, cuales quieran fueran estos. Estamos dominados por gente sin circunspecciones, pero con mucho poder que no acepta ni contiene ningún valor moral y sin límites.

Entonces debemos volcarnos desde el conocimiento a crear una nueva sociedad, donde propendan al equilibrio, con objetivos e intereses comunes, aun en la diversidad.

¿Ensoñación? ¿Utopismo? Probablemente sí, pero prefiero eso, a vivir sin ninguno.

Recuerden que ser felices es gratis.

Paz y bien.

 

En “La Gruta” en el día de San Valerio De Astorga, escritor, ermitaño y cenobita, de dos mil veinticuatro.

 

II Perorata por la necesidad de un cambio necesario.

José Gregorio Palencia Colmenares.

Escritor, poeta, conferencista

y articulista de medios.

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